La Verdad

Alternativa en Las Flores

Pata de pulpo en el comedor de Tabarra.
Pata de pulpo en el comedor de Tabarra. / Vicente Vicéns / AGM
  • Tabarra abre sus puertas en la plaza San Pedro con una carta popular y una tímida apuesta por el pescado a la brasa

Definitivamente, la plaza de Las Flores se ha hecho grande. La incorporación de El Pasaje de Zabalburu y La Tapeoteca, la renovación del Gran Rhin y la de Tabarra, inaugurada el viernes pasado en la plaza de San Pedro, ha aumentado el área de influencia de Las Flores a la zona de Verónicas considerablemente. También es cierto que, excepto en platos muy puntuales, las diferencias no son abismales y, aunque ganamos nuevos locales en esta céntrica zona de Murcia para elegir a nuestro antojo, no lo hacemos tanto en lo que a oferta gastronómica se refiere.

Con la carta en las manos podemos apreciar un ligero amago en Tabarra por la apuesta de platos que lo diferencien de su entorno gracias, entre otras cosas, al cocinero responsable del cotarro, Sergio De Gea, anteriormente en Tiquismiquis y mucho antes en La Tropical de San Pedro del Pinatar. Ensalada de capellanes, navajas confitadas a baja temperatura, cocochas salteadas con pil pil de ñoras fritas y croquetas de mejillones en escabeche son algunas de sus propuestas, aunque la clave de Tabarra reside en una terraza de mesas altas bastante agradable para tapear o comer y en la incorporación de brasas a la cocina. El uso que le aplican es principalmente para la terminación de los platos, para las carnes y para la cocción de pescados, una de las principales novedades de la zona, de la capital y de la Región.

La tormenta de la inauguración y del fin de semana hace que en la sección de aperitivos encontremos una buena lista de bajas. No importa, es comprensible. A cambio, empiezo por un huevo a baja temperatura roto con jamón y patatas panaderas bien elaborado. Es decir: las patatas están bien doraditas, la yema del huevo líquida y el jamón no ha sufrido proceso alguno de calor más que el que aporta el resto de ingredientes, por lo que no hay salinidad desagradable que estropee el plato.

El primer plato contundente es el rodaballo, que acompaña a la selección de pescados a la parrilla compuesta de sardinas, bacalao a baja temperatura y un tataki de atún rojo con risotto de azafrán. El pescado se muestra terso y sabroso, aunque el hecho de haber cocinado el lomo desespinado directamente al fuego, y no la pieza de pescado completa, lo deja un poco más seco de lo que sería conveniente. Lo sirven con una parmentier de albahaca a modo de salsita y una guarnición de verduras asadas francamente mejorable. Cocinadas como para hacer puré, no presentan interés alguno ni en textura, ni en sabor, ni en presencia.

Termino con un costillar de cerdo, aunque también tienen pluma, chuletas de cordero lechal y chuletón de vaca vieja gallega. Lo hacen -a ver si lo adivinan- a baja temperatura infusionada con ajo, tomillo, romero, miel y limón y terminado a la brasa. Muy rico, de esas carnes que se despegan del hueso con solo dar un ligero golpe en el plato. También encuentro mejorable su couland de turrón, más cerca de un bizcocho compacto, sin crema interior derretida y caliente que lo caracterice.

En definitiva, Tabarra es un buen local para tapear o para comer en el centro. Con apenas tres días con la persiana subida se aprecian maneras de restaurante de referencia, a falta de enderezar algunos errores normales de quien sale a la pista de baile con zapatos nuevos. Solo espero que se quiten el miedo y en vez de cuatro pescados puestos en la parrilla fileteados, se acerquen un poco a la técnica de los grandes parrilleros del norte. Que los hay y muchos.