Piscinas olímpicas de nitratos

Cultivos en las cercanías del Mar Menor./J. M. RodríguezGráfico
Cultivos en las cercanías del Mar Menor. / J. M. Rodríguez

Solo cuatro de las explotaciones agrarias denunciadas produjeron 3,9 millones de m3 de 'rechazo', procedentes de las desalobradoras ilegales, que acabaron dañando al Mar Menor. La Guardia Civil descubrió que una de las máquinas clandestinas había sido ocultada en un zulo subterráneo

Ricardo Fernández
RICARDO FERNÁNDEZ

La ecuación que ha llevado a los administradores de 24 grandes explotaciones agrarias a verse señalados por un presunto delito ambiental es común a todas ellas: pozo+desalobradora ilegal+vertido. El fiscal superior, José Luis Díaz Manzanera, reconoce en su denuncia que el número de agricultores que habrían contribuido con sus malas prácticas a la degradación del Mar Menor es muy superior, pero que hasta el momento solo ha podido actuar contra aquellos a quienes los inspectores de la Confederación Hidrográfica del Segura (CHS), los agentes del Seprona de la Guardia Civil, o los agentes medioambientales, han identificado plenamente como infractores. Y eso requería pillarlos, prácticamente, con las manos en la masa.

En la somera descripción que el fiscal realiza sobre las actividades presuntamente ilícitas de cada uno de los productores denunciados se ofrecen datos que, ya por sí solos, claman al cielo, y no para reclamar lluvias. Es el caso de la sociedad agraria identificada como 'G.S.E. SL', con domicilio en Torre Pacheco, que el pasado febrero fue sorprendida con dos desalobradoras de grandes dimensiones, con capacidad para generar 1.900 y 1.000 m3 diarios. Captaban los caudales, en apariencia, del acuífero Cuaternario a través de pozos y después expulsaban, «sin depuración alguna», el rechazo de salmuera por el salmueroducto que desembocaba en la rambla del Albujón. De ahí, el «contundente chorro» entraba directo al Mar Menor, tras recorrer apenas 160 metros.

En los últimos cinco años, solo esta compañía ha generado un vertido sin depurar de casi dos millones de m3, equivalente a 760 piscinas olímpicas repletas de salmuera y, con ello, de nitratos y sulfatos.

El fiscal lamenta que los agricultores se hayan venido aprovechando del «anonimato» que ofrecen las conexiones subterráneas para echar vertidos al Mar Menor

Hay otros casos. La firma 'C.O. SL' contaba con tres desalobradoras perfectamente activas, que se estima que en un lustro han producido 1,4 millones de m3 de salmuera (520 piscinas). O el caso de 'V.A. SL', que se calcula que ha vertido 615.000 m3 (246 piscinas) sin depurar merced a la acción de sus dos desaladoras. Lo mismo que 'I.N. SL', que con una desalobradora habría provocado un rechazo de 160.000 m3 de salmuera (64 piscinas).

Según el informe pericial realizado por un ingeniero agrícola para la Fiscalía Superior, solo la acción de estas cuatro grandes sociedades agrarias habría generado 3,9 millones de m3 de rechazo, o lo que es lo mismo, 3,9 hm3, que equivaldrían a haber vertido en el Mar Menor la salmuera contenida en 1.560 piscinas olímpicas. Unas marcas de contaminación dignas de récord... olímpico.

Identificados los 'instaladores'

Especial mención merece el hecho de que la Guardia Civil lograra identificar a los responsables de una empresa, radicada en la zona de Los Alcázares, 'I.E.A. SL', que fueron sorprendidos cuando descargaban una desalobradora a la finca agrícola Chando. Todos los indicios apuntan a que se trata de una de las firmas que estaban suministrando y montando este tipo de maquinaria en las explotaciones cercanas al Mar Menor, a conciencia de que la salmuera resultante acababa directamente, y sin depurar, en la laguna.

El ingenio de algunos agricultores para tratar de no ser descubiertos también merece una mención especial. Fuentes conocedoras de la investigación explicaron que la Guardia Civil localizó, durante una inspección, una desaladora que había sido camuflada en un zulo subterráneo. Después de mucho recorrer la finca y no hallar indicio alguno de que contara con un aparato clandestino, levantaron la tapa de una arqueta y solo vieron una tubería. Por casualidad, uno de los agentes la tocó y eso le permitió comprobar que su única función era despistar, ya que no iba de parte alguna a sitio alguno. Cuando sacaron el tubo y retiraron algo de tierra se toparon con una trampilla oculta, que conducía a un gran zulo subterráneo. Allí estaba la desalobradora, en pleno estado de funcionamiento.

«Todos los agricultores denunciados en este escrito eran conocedores de que los vertidos de sus desaladoras iban a parar al Mar Menor», advierte el fiscal, que les acusa de haberse «amparado en el anonimato que posibilita el enterramiento de las tuberías por las que canalizan el rechazo y la dificultad para identificar la procedencia del vertido». Gráficamente, señala que para descubrir a todos los infractores «obligaría prácticamente a levantar todo el Campo de Cartagena con retroexcavadoras».

Los actuales responsables de la CHS han informado al Ministerio Público de que necesitarían más personal y maquinaria pesada para descubrir y retirar las conducciones clandestinas, que producen «vertidos continuos y constantes».

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