Se cayó del cartel Seu Jorge pero la cantera de Brasil es inagotable, de modo que la reconocida Adriana Calcanhotto fue la encargada de romper el hielo con su propuesta lindísima, aunque ejecutada en solitario y en formato acústico. La objeto de deseo del festival -ha estado programada dos veces y al final la vimos cuando no le tocaba, mundo paradoja- firmó, pese a su desabrigo, la mejor actuación de la noche dedicada a la Nueva Musicalia Brasileña. Arropada únicamente por una guitarra, un atrapasueños con motivos naíf y su desbordante encanto personal, Adriana desnudó una veintena de deliciosas canciones de pop brasileño, con espacio para la bossa nova -el clásico de Jobim/Vinicius Eu sei que vou te amar siempre eriza la piel-, así como para singulares relecturas de Manu Chao -Clandestino, en el bis-, de Madonna -adorable Music, con la guitarra programada y acariciando un violoncello- y hasta del sustituido Seu Jorge -Tive razao-, a quien agradeció que le hubiese convocado tanto público.