Me considero una ciudadana corriente que como otros muchos aguanta estoicamente las obras de Cartagena por el bien de la comunidad pero ¿ya no puedo más!.
Por motivos laborales tengo que realizar 4 veces al día la ruta calle Jorge Juan-Canteras y aunque no puedo decirle con exactitudes el tiempo de las obras, pues forman parte de mi vida, sí puedo enumerarlas: El Corte Inglés, el encauzamiento de la Rambla, diferentes rotondas, calle Jorge Juan, Calle Carmen Conde, Calle Peroniño, con los correspondientes atascos en la entrada a Eroski. Y creo que aún me queda un aparcamiento subterráneo en la puerta de mi casa.
Pero por fin llega el verano y las vacaciones, se acaban los atascos, las obras y el estrés y llega el merecido descanso cuando ¿sorpresa! llego a Los Nietos (donde paso las vacaciones) y encuentro las señalizaciones del mercadillo del domingo casi debajo de mi cama. ¿Sabe usted lo que es un mercadillo?. Puestos a las seis de la mañana, música, ruidos, gritos, suciedad y basura, destrozos y robos... En una urbanización nueva con unos pequeños jardines que el Ayuntamiento no ha plantado, no ha podado, no ha barrido y no ha cuidado en seis años, pero en una calle donde todos los vecinos pagan rigurosamente los impuestos.
De veras, ¿ya no puedo más!.
Señora alcaldesa, le pido, le suplico, le imploro que ya que las obra son por el bien de la comunidad me ayude solucionar este último problema y consiga que el mercadillo se instale en su lugar de origen donde ha estado durante años y donde no molesta a nadie.