«Me encuentro mejor anímica e intelectualmente que físicamente. Noto que mi cabeza va muy por delante de mis facultades físicas», indica Antonio González Barnés (Murcia, 1953), periodista de profesión y desde 1995 concejal de Cultura y Festejos del Ayuntamiento de Murcia. Barnés, enfermo del corazón, luce camisa rosa, reloj a la moda en tonos azules, pantalón clásico y su inevitable pelo con gomina. Su despacho, al mediodía de ayer, parecía la Feria de Sevilla, el Santuario de Lourdes, la casa de los locos, un tablao flamenco o todo eso a la vez. Gente esperando a encontrarse con él por todos lados y los teléfonos echando humo. Llevaba varios días de baja, en esta ocasión por gripe, y daba la sensación de que quería -a toda máquina- poner el trabajo al día. Y el concejal a quien el alcalde Miguel Ángel Cámara confió la Cultura y los Festejos de la ciudad, y a quien los médicos y su familia le han rogado que se tranquilice, que no se altere, que baje el ritmo de trabajo y que tome conciencia de que su corazón no está para bromas, la verdad es que es un huracán imposible de controlar. No se presentará a las próximas elecciones, y en agosto los médicos le aconsejarán -y él se ha comprometido con su mujer y sus hijas a hacerles caso- si debe dejar la política antes de acabar la legislatura.