El pentapléjico que murió en Valladolid el jueves pasado, cuando ya llevaba algún tiempo muerto, había pedido ayuda a una asociación proeutanasia pero no la consiguió por esa vía. «Necesito la mano que sostiene el vaso», había dicho. La policía investiga ahora quién pudo ser el propietario de esa mano para acercar el vaso a sus labios, en vez de dedicar todas sus pesquisas a investigar a los depredadores marbellíes y aclararnos cómo el Cachuli, que no es más que uno de los miembros de la banda, y otros tipos del mismo jaez se hicieron millonarios en euros firmando autógrafos en unos papeles. Unos papeles que les permitían a otros sujetos de la misma calaña edificar grandes edificios en terrenos destinados a construir jardines y colegios.