En apenas cuatro minutos, estaba abajo. Francisco Javier Triviño, el empresario que ha pasado los últimos ocho días encaramado a una chimenea de Española del Zinc y en huelga de hambre, fue bajado ayer de la torre por los bomberos tras haber cobrado parte de la deuda que motivó su singular protesta y con la garantía de que su empresa, Minse, podrá trabajar fuera de Zinsa.
El compromiso se alcanzó por la mañana y fue a mediodía cuando el propio Triviño llamó a la alcaldesa para anunciarle que bajaba. Inmediatamente se activó el dispositivo de ayuda diseñado desde hace varios días, que incluía un equipo de rescate de montaña, una unidad de Protección Civil y una ambulancia del 062.
Dado el estado de debilidad de Triviño, era necesario bajarlo en camilla, así que tres bomberos subieron a la torre y montaron un dispositivo para poder bajarle, en una camilla, pero en posición vertical. Bajó acompañado de un bombero y en torno a las 16.40 ya estaba en el suelo.
Siguieron desde cerca la operación, y en medio de un silencio sepulcral, la alcaldesa, Pilar Barreiro, así como varios concejales; la esposa y dos hijas de Triviño, así como buena parte de la plantilla de Zinsa. El silencio sólo se rompía por gritos de «Venga valiente, que ya eres nuestro» y otro similares.
Cuando la camilla de Triviño tocó el suelo, se desató la emoción. Lo primero que hizo fue abrazar a sus dos hijas -una le entregó una especie de pancarta pequeña en la que se leía «Eres un gran campeón»-. Con ayuda de dos bomberos se levantó y, en medio de una gran ovación, se abrazó a su esposa y, después, a la alcaldesa. El siguiente fue el presidente del comité de empresa, Juan Paredes, a quien Triviño dijo: «Hemos ganado esta batalla, pero queda la vuestra».
Mientras era llevado en volandas a la ambulancia, apenas pudo decir a los medios informativos allí congregados que «estoy muy contento de volver a saludar a mis hijas y quiero agradecer a los que han ayudado...» momento en el que los miembros del 062 interrumpieron sus declaraciones para llevarse a Triviño al Rosell, donde se le realizaron pruebas para comprobar su estado físico.
Cuando entró en la ambulancia en camilla, fue saludado por los trabajadores con otra ovación, gritos de «bravo» y gestos inequívocos con el pulgar hacia arriba. Su esposa, Fina Alonso, entre lágrimas dijo estar muy contenta por ella y por su marido, porque «ha podido conseguir algo de lo que quería». El acuerdo que posibilita que baje de la torre consiste en que Minse cobra 66.000 euros de la deuda que mantiene con Zinsa, y ésta reconoce ante Hacienda el total del débito, con lo cual libera a Minse, ésta sale de la lista negra de Hacienda y puede trabajar para otras compañías.