Este concejal que hoy traigo a colación no es otro que el de Sanidad del ayuntamiento de Murcia. El mismo que ha escrito una carta a los padres de los zagales que cayeron en coma etílico durante el Bando de la Huerta. ¿Con qué talante se van a recibir esas misivas? Pues me supongo que de todo habrá. Espero que, al menos, no la tomen con el señor Cervantes, ya que lo ha hecho con la mejor de las intenciones. Caso de que hubiera ido de malvado, habría fumigado a las pobres criaturas, como se fumiga cada año a los mosquitos del río. Y no hay nada de eso.
Lo único que pretende es la colaboración de los padres, para que convenzan a sus hijos de que el alcohol es más dañino de lo que parece. Sobre todo en la edad joven.
¿De qué otra manera podría ayudar don Fulgencio Cervantes a resolver el problema? Hombre, yo no sé si estará dispuesto a lo que le propongo, pero nada pierdo con probar. Si me responde que no, pues una mata que no ha echado.
El común de los lectores no sabrá que, aparte de sus virtudes como médico y como político, el concejal aludido posee una muy singular. Y es que le entusiasma contar chistes. Sabe cantidad de ellos -yo creo que todos- y, además, cosa muy importante, los cuenta bien. Porque no hay nada peor en este mundo que oír un chiste de boca de un patoso.
¯¿Y qué tienen que ver los chistes con los chicos que se pasan de rosca?
Digo que, en llegando el día del Bando, aquellos zagales que quieran pasarlo bien sin necesidad de chisparse, serían citados en una determinada barraca. Y, allí, el concejal los sometería a lo que se llama la risoterapia.
Les contaría chistes hasta que ya no pudieran más (ellos, no el contador). Si veinticuatro horas, pues veinticuatro horas. Lo que hiciera falta.
El realidad, el muchachuelo que se da al alcohol -hablo en general- es porque se aburre. Se ve a sí mismo vestido de zaragüelles y tocado con la montera, y se pregunta: «Y, ahora, ¿qué coño hago?». Ahí es donde está la madre del cordero. Pasando el día con Cervantes, ni siquiera se acordaría de tomar Fanta pelada.
(Otro que no le va a la zaga al concejal es el doctor Arregui, especialista en otorrinolaringología. Suerte la que tienen ellos dos, que se divierten).