El informe de Unicef recalca, sin embargo, que se han producido avances «esperanzadores» en la lucha contra la desnutrición infantil en Latinoamérica, en África del Norte, en Oriente Medio y los antiguos países socialistas europeos. La ONG considera que no puede haber lucha eficaz contra el hambre y la desnutrición infantil si no se impulsa un rotundo combate contra la pobreza. Unicef recomienda redoblar esfuerzos a los poderes públicos y la sociedad civil en el mundo avanzado y en los países en desarrollo para que «la nutrición infantil sea un elemento central de las políticas nacionales».
Además, plantea la necesidad de impulsar medidas políticas, económicas, sociales y sanitarias que reduzcan las desigualdades en el mundo, establezcan unas relaciones comerciales justas con los países pobres y ayuden a los gobiernos de las áreas más desfavorecidas del planeta a luchar contra el hambre. Los niños cuyos padres han muerto de sida están abiertamente expuestos a no tener recursos y pasar hambre.