¿Guapa, guapa y guapa! Así aclamaban ayer los fieles a la Fuensantica, que lucía su manto azul de huertana, regalo de la peña La Pava. La familia Navarro, en Torre de Romo, derramó sobre la Patrona los pétalos de quinientas docenas de claveles y cuatrocientas docenas de rosas rematados por un puñado de jazmines.
Los miembros de la peña El Corrental y de La Breva, acudieron a ofrecerle flores a la Virgen y a convidar a sus anderos. Con los de La Breva estaba Antonio Avilés, presidente de la Federación de Peñas, convaleciente de una operación. Este año no ha podido acompañar a la Patrona, pero no pudo resistir el deseo de verla, y salió al camino, como tantos otros murcianos.
En la parroquia de la Esperanza en el barrio del Progreso, el párroco Celestino Ferrer había tenido que ausentarse por enfermedad de un familiar. Fue Juan Uribe el que le sustituyó, dirigiendo las tradicionales preces de los fieles.
Un incondicional del camino, Juan Legaz, tampoco estuvo en la puerta de su horno para convidar a los anderos y acompañantes. Un amago de infarto lo tenía alejado, pero su hijo hizo correr el tradicional botijo lleno de revuelto, entre los que quisieron catarlo.
Cuarenta mesas salieron al camino, revestidas de hermosas enaguas almidonadas, de mantones de manila, para acoger a la Patrona.Una anciana huertana le ofreció a la Virgen un hermoso embojo, con gusanos de seda todavía hilando los capillos.
Otra le ofreció un ramo de trompetas, recién cortadas de sus macetas. Salvador Meseguer y la familia Barceló volvieron a entusiasmar al público con sus generosas lluvias de flores. Una vez llegó la imagen al santuario, sus anderos fueron invitados por Pepe Soler a un arroz cocinado por Julio Lucas.