El Ciudad apostó muy fuerte por él, dándole su primera oportunidad en un banquillo. Pero el toledano también renunció a su privilegiada posición en el cuerpo técnico del Atlético de Madrid para recalar en el cuadro rojillo.
Abel está prendado de Murcia. En varias ocasiones ha declarado que «es una ciudad que me encanta. Creo que es la gran desconocida para mucha gente, sobre todo para los madrileños. Creo que lo tiene todo. Aquí he hecho grandes amigos, y espero seguir teniéndolos».
Por eso, no es de extrañar que el entrenador toledano no le haga ascos a una oferta del Hércules, Elche, o incluso, Real Murcia. El verdadero sueño de Abel es entrenar en Primera, y suena para el banquillo del Getafe. De lo contrario, el entrenador del Ciudad quiere un proyecto más ambicioso que el de los rojillos, sobre todo, en cuanto a infraestructuras o afición. En siete semanas, su etapa en el Ciudad habrá concluido, pero no su enamoramiento por nuestra tierra.