Los abanilleros no notan el cansancio de casi una semana en fiestas. Ayer, nada más terminar el desfile y después de haber bailado hasta altas horas de la madrugada -algunos sin dormir apenas- sienten de cerca ese resplandor que luce y brilla en la capilla del templo parroquial donde se encuentra y venera la Sagrada Reliquia de la Santísima y Vera Cruz.
A mediodía se podían oír apenas los disparos de los arcabuces o trabucos de los capitanes, anunciando la comitiva para ofrecer a la Patrona sus ramos y cestas de flores. Unas ofrendas cargadas por un lado de tristeza y sentimientos por la personas que ya no están; y por otro de alegría y emoción por el amor a la Vera Cruz y a las personas queridas.
La comitiva salió desde la plaza de la constitución hasta la iglesia parroquial con la asistencia las autoridades, reinas y damas y capitanes con sus pajes. Nada más ser recogidas todas las ofrendas, el sacerdote bendijo a los capitanes y les impuso las bandas. Recibieron también los pergaminos los dos capitanes de la Hermandad de la Cruz, Francisco Pacheco Rocamora y Pablo Perea Ramírez, y sus pajes, los niños Francisco Martínez Pacheco y Francisco Perea Torá.
Uno de los momentos más emotivos del acto fue el homenaje fueron al sargento de los capitanes Francisco Muñoz Valero, un reconocimiento a una labor prestada durante 33 años. También se recordó a los ya fallecidos Eugenio, como sargento de los capitanes, y José el sacristán. Tras este emotivo acto se dio a besar la Cruz a todos los capitanes y cargos festeros de este año para desplazarse y hacer el primer rodaje de bandera y salvas con el correspondiente saludo de los pajes. Las fiestas entran hoy en su recta final, aunque queda todavía la romería, a la que se espera a miles de personas.