Lo Campano, noche del 6 de abril de 2000. Joaquín Heredia, alias El Macarrón, acribilla a tiros en su cochera a Antonio Fernández Amador, El Chivas, y José Egea, El Pelote, quienes fueron a preguntarle por qué estaba vendiendo cocaína a un precio inferior al que ellos lo hacían, acaparando clientes de forma desleal.
Primeros días de abril del 2006. Seis años después de aquel doble asesinato que supuso un antes y un después en el turbio negocio del narcotráfico en Cartagena, un grupo de camellos del barrio visita uno de los garitos más concurridos de Lo Campano. Acusan a su dueño de estar rompiendo el mercado haciendo ese tan particular dumping del que fue acusado El Macarrón -que cumple una pena de 30 años- por sus competidores. El mensaje fue claro: «Respeta los precios o terminaremos mal». De momento, parece que la advertencia sí ha surtido efecto.