Se veía venir, pero siempre persiste un rayo de esperanza de que los pueblos consigan evitar incurrir en errores que ya padecieron otros reiteradamente y que siempre han terminado en tragedia: Bolivia ha nacionalizado sus recursos naturales, una promesa populista formulada por el presidente Evo Morales y sin embargo presagio cierto de un gran fracaso. Los bolivianos, ciertamente aplastados por su propia miseria, están intentando avanzar por vías que se desacreditaron hace muchas décadas y al final de las cuales sólo hay más miseria. Cabía, ciertamente, alguna intervención del Estado boliviano para meter en cintura a las multinacionales de la energía -Repsol entre ellas-, pero sin ignorar que la explotación de los recursos bolivianos requiere la tecnología, el capital y la ayuda internacionales. Montilla expresaba ayer la «profunda preocupación» del Gobierno español por la medida, en tanto el otro país más afectado, Brasil, ha calificado, quizá más oportunamente, el hecho de «inamistoso». También saldrán perjudicadas la compañía británica BG Group y la francesa Total. Las empresas tienen ahora seis meses para firmar un acuerdo con el Estado boliviano o marcharse. De momento, los mercados ya las han castigado en las bolsas.