A juzgar por el balance de intervenciones durante la Semana Santa hecho público por la Policía Local de Cartagena, sus actuaciones, agrupadas según la naturaleza de los hechos, componen una variada panoplia nada deseable para cualquier persona de orden, que van desde las riñas, vulgo peleas -multitudinarias o de pareja-, hasta los accidentes de tráfico, pasando por las prestaciones de auxilio y las detenciones en casos tipificados por las leyes.
Ocurre, sin embargo, que como ya nos hemos habituado, incluso a muchos descerebrados les parece cosa normal y natural que la gente vaya partiéndose la cara, rajando barrigas ajenas y estrellándose con sus turbodiésel en esas noches de Dios, consecuencia del alcohol y otras drogas, pues la verdad es que poco más podemos hacer que agradecer a los agentes policiales su buena disposición para acudir pronto allí donde son requeridos para actuar, aunque a veces nos quedemos esperando en vano «por falta de patrullas», que nos dicen desde la central. Pero ése no es el tema de hoy.
Uno de los capítulos más importantes en materia de infracciones de tráfico creo que consiste en conducir un vehículo a motor -generalmente coches o motocicletas- sin el reglamentario seguro de responsabilidad civil. Lo que se dice ir conduciendo por las buenas y caso de provocar un accidente, las reclamaciones al maestro armero. Y no. No es eso, aunque de hecho cada vez circule más gente carente de dicho documento. Durante las recientes fiestas, la Policía Local de Cartagena inmovilizó treinta y tres vehículos por el antedicho motivo, lo cual nos puede dar una idea, si hacemos un cálculo de probabilidades, de la cantidad de individuos que nos cruzaremos todos los días en la carretera, incluso en la misma ciudad, desprovistos del seguro que cubra cualquier daño que puedan causar a terceros, ya sean personas o cosas.
Tengo la sospecha de que con los seguros obligatorios de los conductores sucede lo mismo que con los alijos de droga, salvando todas las distancias. Es decir, siguiendo la táctica March, mientras los cuerpos policiales abortan una gran descarga de estupefacientes en un determinado punto de la costa, los narcos, que, como la Policía, no son tontos, a la misma hora están realizando un alijo en un lugar no demasiado lejano. Y algo así sucederá en lo referido a este asunto de las carencias de seguros. Ellos saben que si les hace el alto cualquier agente de la autoridad se les puede caer el pelo, de momento. Sin embargo, como nadie escarmienta en cabeza ajena, a saber cuántos cientos de conductores circularán indocumentados con el riesgo, sobre todo para los demás, que ello conlleva.
Urge una campaña de control férreo contra dicha infracción -¿o delito?-, sobre todo porque quienes la incumplen no tienen nada que perder.