El Gobierno ha puesto en el carné por puntos todas sus esperanzas para controlar uno de los factores fundamentales de la circulación: el conductor. La iniciativa, que comenzará a funcionar en un mes, tendría que traducirse en una reducción de entre un 15% y un 30% de los accidentes, un objetivo estimulante en un país con miles de muertos al año en las carreteras. Se calcula una retirada anual de 6.000 permisos, justo castigo a los más recalcitrantes. Queda pendiente, eso sí, actuar con igual energía sobre los otros elementos que hacen del tráfico un ejercicio de riesgo.