Estimado señor alcalde de Lorca, las palabras que a continuación quiero dirigirle nacen desde el cariño por mi tierra y dentro de un talante constructivo y de absoluto respeto. En sus recientes declaraciones como respuesta a las conclusiones adoptadas por el Fórum de Expertos en Patrimonio, organizado por la Asociación para la Defensa del Patrimonio Cultural de Lorca, vierte una serie de afirmaciones que además de gratuitas no se ajustan a la realidad.
Usted señala que los expertos allí reunidos, entre los que me encontraba, hemos sido víctimas de manipulación por parte de Izquierda Unida a través de una supuesta campaña contra el Parador de Lorca. Desconozco la ideología política de los participantes en este encuentro (cosa que, por otro lado, no tiene ninguna relevancia para mí), pero sí le puedo decir que no soy ni militante ni votante de esa formación política, que merece todos mis respetos como legítima representante de un sector de la sociedad lorquina. Lo que no le puedo permitir bajo ningún concepto es que considere que mi opinión ha sido manipulada. Mis ideas son absolutamente libres. Si algo me enseñaron mis padres es a buscar siempre la verdad, el respeto y la honestidad. Esos tres valores, que lamentablemente hoy escasean en nuestra sociedad, presiden mi vida diaria y mi trabajo como profesor universitario. Y así se lo intento transmitir a mis alumnos.
Como profesor e investigador universitario jamás hablo de oído, como dice usted, sino de lo leído. Por este motivo, deseo reproducirle textualmente la siguiente cita extraída del artículo Excavación arqueológica de urgencia en el Cerro del Castillo de Lorca-Zona Parador, publicado por los responsables de esta actuación, en las XVI Jornadas de Patrimonio Histórico de la Región de Murcia: «El período islámico se constata, durante el siglo X y parte del XI, con la documentación de un gran edificio de carácter palacial..., residencia de la elite gobernante». Y usted, sin embargo, se atreve a afirmar que toda esta campaña se ha montado sobre «una mentira como es la existencia de un palacete taifa».
Lo que Lorca se merecía (y merece) no es una excavación de urgencia motivada por la construcción de un hotel en el Cerro del Castillo, sino un trabajo de investigación pausado y bien planificado, que ayude a descifrar correctamente el apasionante y extraordinario libro con más de 4.000 años de historia oculto bajo el subsuelo de la fortaleza lorquina. El castillo de Lorca necesitaba (y necesita) albergar una gran Casa de la Historia con una doble función: como excepcional polo de atracción turística (y por tanto generador de riqueza), y como referencia para explicar a las futuras generaciones lo que somos a partir de nuestro pasado más remoto. Y todo ello bajo la dirección no de una empresa privada, sino de la institución pública que mejor conoce la prehistoria e historia lorquinas, es decir, el Museo Arqueológico Municipal apoyado, además, por un comité asesor de expertos universitarios nombrado a tal efecto. El resultado habría sido magnífico y habría embarcado a Lorca en un proyecto pionero a nivel nacional. Por el contrario, en los círculos universitarios se habla actualmente del castillo de Lorca como un buen ejemplo de atentado al patrimonio histórico. Es doloroso reconocerlo señor alcalde, pero cuando alzo la mirada a nuestro querido castillo siento, por primera vez, vergüenza de ser lorquino.
En democracia las discrepancias son buenas y enriquecedoras, al margen de las ideologías. Basta de reproches, de rencores ocultos y de descalificaciones personales. Ese es un camino estéril, un sinsentido. Si queremos realmente a Lorca, no hay más vía que un diálogo abierto, constructivo y reflexivo con el que buscar lo mejor para el futuro de nuestra ciudad y de sus ciudadanos. ¿El castillo de Lorca se nos muere, aún estamos a tiempo de salvarlo! Y eso es obligación de todos.
Juan Luis Montero Fenollós es lorquino y profesor de Historia Antigua de la Universidad de La Coruña.