La corrida de Victorino fue muy dispar y terminó antes de tiempo. La disparidad sería por capricho del ganadero. El más bravo fue el de mejores hechuras, un segundo arremangado, bajo, poderoso y hondo. El peor, el quinto, con falso cuajo y fuera de tipo, cárdeno entrepelado con un raro manchón negro a modo de albarda o cincha. El cuarto, alto y degollado, fue toro de mucha vida y, aunque muy escarbador, peleó sin resistirse. El tercero, zancudito y estrecho, cobró cinco estrellones, cinco, antes de ver telas ni caballo, hizo fu en la segunda puesta de varas, hizo por irse en banderillas y, con el freno de mano a punto demasiadas veces, dejó estar. Tuvo un fondo de nobleza que tardó en brotar pero se acabó destapando.