En su primer Vía Crucis como Papa, Benedicto XVI ha pedido paz para Irak, un Estado para los palestinos y una salida honrosa para Irán. Un repaso a las grandes crisis mundiales, que son perfectamente compatibles con las pequeñas. Junto a tantas maldiciones, conviene siempre una bendición urbi et orbi. Al margen de su eficacia, hay que reconocer que no le hace daño a nadie. También ha hablado Su Santidad de la pérdida del sentido del pecado y del «culto a Satanás», que creíamos en desuso. Para muchos contemporáneos el demonio es un pobre diablo y en cuanto a los pecados, que se dividen en señoriales y ridículos -y a veces en capitales y provinciales- también han perdido la fascinación que tuvieron en otras épocas.