Inexplicable, ferviente, pasional, y desgarrador es el sentimiento que embriagó el pasado Viernes Santo a los miles de lorquinos al ver entrar en la carrera principal a la Santísima Virgen de la Amargura, imagen titular del Paso Blanco, que puso el cierre a las procesiones bíblicas de la Semana Santa lorquina hasta el próximo año.
El paso del trono de la llamada por sus seguidores «virgen guapa» colocó el broche de oro a una comitiva blanca en la que brillaron con el esplendor que les caracteriza los enganches y las majestuosas carrozas, entre las que se pudo ver la de Nabucodonosor, el gran estreno de la cofradía para este año.
Fue el estandarte de la Virgen del Rosario, seguido del tercio de nazarenos estrenado el pasado Viernes de Dolores el que abrió la comitiva blanca en la que como ya es habitual participaron más de una decena de pequeños ataviados con túnica de mayordomo. Tras la bandera y los olés continuados que despertó a su paso, le tocó el turno a la infantería romana que al ritmo del Tres dio entrada al grupo de los emperadores romanos que procesionaron en enganches tirados por cuatro caballos.
La estela de los emperadores dejó paso al grupo de Santa Elena y a la caballería romana formada por seis jinetes con mantos de raso, cinco de ellos en color carmesí y uno en negro. Todos bordados en oro y sedas con pedrería.
Inmediatamente después hacía su entrada por la plaza del Óvalo el grupo del rey Nabucodonosor que reúne elementos de diferentes épocas y se inspira en distintos pasajes bíblicos recogidos en el Libro de Daniel. Por segundo día, tras su estreno el Jueves Santo, se vio la nueva carroza, novedad de este año, en la que se escenifica el momento en el que el Rey está en el salón del trono y el profeta Daniel le interpreta el sueño en el que había visto una estatua de oro, plata, bronce, hierro y barro que resultó ser una profecía de la llegada del Reino de Dios.
A la corte de Nabucodonosor le seguían Esther y Asuero que desfilaron en paralelo y sobre biga con dos de los mantos más bellos de cuantos se pueden ver en la Semana Santa lorquina y que se completan con los mantos de la caballería de Asuero estrenados el año pasado. Esta caballería representa a los príncipes que formaban parte del consejo real: Tarsis, Setar, Admata, Memucan, Meres, Vasti, Marsena y Carsena.
Entre aplausos y vítores fue recibido el último de los grupos bíblicos, el correspondiente al de las Tribus de Israel que escenifica varios pasajes del Antiguo Testamento en los que se narran diversos acontecimientos de la historia del Pueblo Hebreo, que como pueblo elegido simboliza a la Iglesia.
Este grupo lo componen el Rey David que procesiona sobre biga escoltado por sus mujeres a caballo: Abigail con manto negro, Micol y Ajinoam, con manto color teja, Abital y Eglá, con mantos azules y Maaká y Yaguitt con mantos marrones.
Las acrobacias a caballo de estas amazonas precedió el paso de uno de los personajes más antiguos de la Semana Santa, el rey Salomón que procesiona desde el año 1863 sobre biga y con un peculiar manto que reproduce en un medallón central la misma imagen real que miles de lorquinos y visitantes observaron el pasado viernes por la noche.
La penúltima de las carrozas en hacer su aparición en Juan Carlos I fue la de la Reina de Saba, de estilo egipcio y tirada por 33 esclavos abisinios al mando de un capataz. Dando escolta a la reina desfiló su caballería seguida del grupo del cisma de las tribus, el carro de Jeroboam y el de Roboam.
La tensión en los palcos blancos iba creciendo a medida que los personajes bíblicos iban cediendo su espacio al cortejo religioso que abrió el estandarte de San Juan Evangelista y la caballería de la Visión de San Juan formada por Mahoma, Ciro, Tutankhamon, Heliodoro, Alejandro Magno, Atila, Cambises, Nerón, Perseo y Marte.
Tras esos personajes a caballo, la carroza de la Destrucción del espíritu malo inspirada en diferentes pasajes del Apocalipsis. Es una de las más llamativas por sus dimensiones y por la esfera terrestre agrietada que figura en su parte superior. El propio San Juan se representa recostado en extático sueño en la parte posterior de la carroza a la que dan escolta los cuatro jinetes del Apocalipsis a caballo y el trono de San Juan Evangelista, patrón del Paso Blanco que procesiona a hombros.
Un de las joyas del bordado lorquino, el estandarte de la Oración en el Huerto, realizado entre 1910 y 1918 bajo la dirección de Emilio Felices, y los nazarenos del mismo grupo precedían al trono de la Santa Mujer Verónica que fue estrenado en el año 2002 y que es sacado a hombros por mujeres. La imagen es obra de Sánchez Lozano de 1950.
Y al fin, bajo una lluvia interminable de pétalos y un sinfín de gritos y vítores lanzados al aire por las gargantas blancas aparecía la Santísima Virgen de la Amargura que cerraba la procesión del Viernes Santo sobre su trono del año 1943 y bajo el palio compuesto por cuatro paños bordados en sedas con escenas de la Pasión.
Dándole escolta, los mayordomos de la cofradía y miembros de la junta directiva blanca, además de miles de lorquinos que acompañaron a la imagen hasta su sede religiosa.