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Domingo, 16 de abril de 2006
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OPINIÓN
VIVIR PARA CONTAR
Fibras
Una de las ideas colectivas que con mayor fortuna arraigó hace pocas décadas entre nosotros fue la del valor de la fibra de los alimentos como garantía de salud. Abundante en frutas, verduras y legumbres aunque, en este caso, la promoción de sus ventajas mostrara cierto sesgo hacia los productos de panadería elaborados con harinas integrales. Estímulo en el que vino a coincidir con exhaustivas campañas de opinión destinadas a resaltar la importancia del desayuno en una correcta nutrición, abundando en las virtudes de los cereales como adecuado complemento de frutas y lácteos. Costumbre trasplantada del omnipotente modelo de sociedad norteamericana y de la que este año se celebra el centenario de la producción y comercialización a gran escala de los copos de maíz. Introducidos por un curioso personaje, el doctor Kellog, médico vegetariano con unas peculiares ideas higienistas. Algunos aspectos destacados de su biografía se recrean en la película El balneario de Battle Creek, centro en el que instaló su sanatorio al que acudían gentes de toda suerte y condición para someterse a sus drásticas medidas terapéuticas. Con una estética cercana al comic, un histriónico y siempre convincente Anthony Hopkins interpreta el papel de este médico que adoctrina con firme convicción a sus atribulados huéspedes, con la promesa de un estado de salud perfecto merced a la limpieza obsesiva del intestino, para lo que no duda en prescribir enemas a diestro y siniestro.

Beneficios de la fibra para el organismo conocidos desde tiempo inmemorial y que se basan en su capacidad para aumentar el volumen de las heces así como para acelerar la velocidad de su tránsito por el intestino. Durante siglos se había atribuido un papel nuclear en el desarrollo de las enfermedades a la descomposición que experimentaban los alimentos en el tubo digestivo y a la consecuente absorción de estos compuestos nocivos. De ahí que su eliminación rápida y constante se convirtiera en una panacea. Más aún cuando en el siglo diecinueve se puso en boga la denominada teoría de la autointoxicación que atribuía una gran capacidad lesiva a los residuos de las proteínas desdobladas por las bacterias del intestino. Concepto del que se sirvió Kellog para efectuar sus admoniciones. Reforzado con el discurrir del tiempo por la consideración de las enfermedades occidentales, con el que se adjetivaban algunas propias del colon, al observar que los nativos africanos apenas si desarrollaban cáncer, u otras enfermedades relacionadas con el estreñimiento, como la diverticulitis, dado el mayor volumen de sus heces y su eliminación más rápida. Aunque posteriormente se haya comprobado que otros componentes de frutas y verduras influyen también de modo capital en esta aseveración.

Una noticia aparecida estos días respecto a este componente de la dieta ha causado cierta perplejidad al afirmar que cantidad de fibra y posibilidad de cáncer de colon no guardan relación. Basada en un importante meta análisis (recopilación y estudio estadístico de un conjunto de estudios previos), con un gran número de sujetos estudiados y de gran fiabilidad pero que, como siempre, hay que matizar. Los autores consideran que la cantidad de fibra consumida confiere protección si sólo se tienen en cuenta en el estudio la edad y el sexo de los afectados, ya que el beneficio no es tan evidente cuando además se contemplan de forma conjunta otros factores de riesgo que también influyen en su desarrollo. Aunque, en todo caso se mantienen los beneficios de la fibra tanto para una correcta función fisiológica como para evitar otras complicaciones tan destacadas como la diabetes y las enfermedades coronarias.

En Las leyes de Manu, compendio de costumbres y códigos del brahmanismo, anteriores a la era cristiana, se consideraba al orificio posterior del intestino como uno de los cinco órganos de la acción, aunque por motivos bien diferentes a la digestión. Su papel se contraponía al de los cinco que conformaban la inteligencia: orejas, piel, ojos, lengua y nariz. Pero la batuta la blandía uno más, el undécimo, el sentimiento, que al participar por igual de inteligencia y acción actuaba como aglutinante al mantener al resto en armonía mediante el ejercicio de la moderación. Recomendación que trasciende a las épocas históricas y es igual de válida para tratar de buscar el equilibrio entre los componentes de una alimentación que sea sana y variada.



Vocento
LA VERDAD DIGITAL, S.L. (SOCIEDAD UNIPERSONAL). Camino Viejo de Monteagudo s/n. 30160. Murcia. CIF: B73096802.
Inscrita en el Registro Mercantil de Murcia al Tomo 1.709, Libro 0, Folio 41, Sección 8, Hoja nº MU34509, Inscripción primera.

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