No queda más remedio. Se lo digo a los reacios. Obligan los acontecimientos y ahora más que nunca hay que apuntarse al Ciudad. Una afición, qué quieres que te diga, no es una oenegé por muy admirable que ésta sea. Pero aquí, además de los colores, la historia, el amor a la institución y todas esas cosas, también cuentan los resultados. Así que, si la tabla es la que manda, como le gustaba sentenciar a mi recordado don Salvador Ripoll, hay que animar al City. Hay que respaldar el trabajo serio que está haciendo Abel Resino. Hay que reconocer la excelente planificación deportiva que ha hecho Quique Pina. Y hay que avivar, impulsar y azuzar la ilusión de este equipo que ha plantado sus reales entre quienes aspiran al ascenso a la Liga de las Estrellas, que ha conseguido la permanencia con once jornadas de anticipo y que está a tan sólo tres puntos del tercer clasificado. Obras son amores