La Virgen de la Esperanza avanza imparable por la calle Mayor. El alto ritmo que imprimen al cortejo los portapasos no se recuerda en años. Cuando la bella imagen salida en 1943 del taller de Enrique Pérez Comendador llega a la Puerta de Murcia, los murmullos rompen el sobrecogedor silencio. ¿Qué pasa? Los seis metros de largo del manto de terciopelo azul bordado en 1953 por Consuelo Escámez parecen sesenta debido al gigante reflejo de la escasa luz del trono en la fachada contigua al solar de la plaza Castellini. El momento es único y sólo para privilegiados.