Música del siglo XXI en un entorno eminentemente medieval. La combinación no podía ser más explosiva. Cerca de 3.000 personas, principalmente jóvenes, se dieron cita la noche del pasado sábado en el Castillo de Nogalte de Puerto Lumbreras para presenciar los conciertos y las sesiones musicales programadas en la tercera edición del certamen de arte moderno Explum.
La música fue la única protagonista desde que a partir de las diez de la noche el grupo Awen magic land inaugurara la ronda de recitales.
Al ex componente de Celtas Cortos, Carlos Soto, y a la instrumentalista María Desbordes les tocó romper el hielo y preparar el ánimo para el que estaba llamado a ser el gran plato fuerte: el concierto del décimo aniversario de Mártires del Compás.
De lujo fue el cierre de la primera intervención de la noche. La Mari, vocalista del grupo Chambao, se subió al escenario para interpretar junto a Awen magic land su tema Evolución.
Mártires del sonido
Tras despedirse, intermedio para tomar algo y bienvenida a Chico Ocaña y a sus mártires. No estaba de su lado la suerte. El líder de la agrupación musical, que se encuentra celebrando su décimo aniversario, se las vio y se las deseo para que el sonido le sonara bien. Más de media docena de veces se dirigió hasta el control de sonido para subsanar los fallos y poder continuar con la actuación.
Afortunadamente el problema se solucionó a medias tintas y los mártires hicieron un repaso a su repertorio y a la actualidad nacional con críticas al escándalo urbanístico de Marbella, a los políticos y a la crisis del chapapote que todavía colea. Ante ellos, miles de fieles que, es de justicia decir, estaban algo entretenidos y hasta el propio Ocaña, con su voz ronca, soltó en algún momento comentarios jocosos del tipo: «Hombre, gracias por este modesto aplauso».
Pero, como en las montañas rusas, a medida que los músicos tiraban del carro, el público fue animándose y disfrutando de las peculiares letras del grupo que guardó un as en la manga hasta el final: la participación de Pau Donés, cantante del grupo Jarabe de Palo. Aunque su participación fue muy concreta -sólo ayudó en los coros-, los asistentes agradecieron la sorpresa de última hora. Cerca de la una y media de la madrugada finalizaba la actuación de los chicos de Ocaña y daban comienzo las sesiones musicales que se prolongaron hasta pasadas las cinco de la madrugada.