Jacqueline Moore ha venido aduciendo, a lo largo de la instrucción sumarial, que llevaba mucho tiempo siendo objeto de malos tratos por parte de su marido, Raymond, quien supuestamente la habría golpeado en repetidas ocasiones, coincidiendo con alguna de sus habituales borracheras. Un hecho que será esgrimido muy probablemente por la defensa durante el juicio. Al ser detenida, sin embargo, Jacqueline no adujo haber acabado con su marido mientras se defendía de una agresión -un supuesto que quizás podría haber entrado en la legítima defensa-, sino que se limitó a señalar que éste se había marchado de casa meses antes y que no había regresado. El rastreo de la vivienda y del patio permitió averiguar a los investigadores que Raymond no se había marchado, sino que había pasado a mejor vida.