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Domingo, 9 de abril de 2006
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REGIÓN
REGIÓN MURCIA
La 'Viuda Negra' se ahorca en su propia telaraña
El fiscal reclama 20 años de cárcel para una británica acusada de asesinar a su marido, descuartizarlo y reducir sus restos a cenizas en una barbacoa
OJOS DE HIELO. La presunta parricida, Jacqueline Moore, en una foto tomada en el patio de la prisión de Sangonera. / NACHO GARCÍA/AGM
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Como la araña de la que tomó prestado su nombre de guerra, Jacqueline Moore -quien se presenta a sí misma por el alias Viuda Negra- siempre obedeció los impulsos de su propia naturaleza. Como la negra y bella criatura de letal mordedura con la que se identifica, esta vecina de Tallante (Cartagena) asesinó supuestamente a su compañero, lo enterró, exhumó más tarde su cadáver, lo descuartizó y lo redujo a cenizas en una pequeña barbacoa, y todo ello con tan aparentes frialdad y ausencia de remordimientos que no dudó en presumir de ello, en cuantas veces tuvo ocasión, ante cualquiera que se interesase por su estado civil. «Soy viuda; una viuda negra», decía. Con la misma tranquilidad lo comentaba con la que un arácnido devora a una presa.

Fue la aparente ostentación que hacía de su supuesta condición criminal, de su presunta cualidad de implacable depredadora, la que en los primeros días del año 2004 puso a un periodista británico, Roger Insall, tras la pista de esta supuesta parricida, cuya confesión consiguió grabar de forma encubierta. La historia fue publicada el 21 de marzo en el diario inglés The People y ello desencadenó una operación internacional en la que intervino la Policía de Essex (Reino Unido), la Fiscalía de la Corona Británica, la Unidad Orgánica de la Policía Judicial de la Guardia Civil de Murcia y un juzgado de Cartagena, que finalizó con la detención de la presunta parricida y de su hijo George y su posterior encarcelamiento. Ambos siguen hoy en prisión, a la espera de un juicio que se celebrará antes de fin de año.

Dos años después de haberse iniciado la instrucción judicial, el sumario -al que ha tenido acceso este periódico- ya está concluido y el fiscal acaba de presentar su escrito de acusación. Pese al estilo aséptico y casi burocrático que suele caracterizar las calificaciones del Ministerio Público, los hechos ahí relatados despiertan un escalofrío, aun en el ser menos sensible.

Señala el acusador público que en fecha no concretada de finales del año 2002, pero que estaría en torno al 10 de octubre, y hacia el mediodía, se inició una fuerte discusión entre la ahora acusada, Jacqueline Moore y su esposo, Raymond Moore, quien había llegado considerablemente bebido a la casa familiar que ambos poseían en el polvoriento paraje de Granadillo, en Tallante (Cartagena).

Marido y mujer acabaron pasando de las palabras a los hechos y eso hizo que, entre bofetón y bofetón, Jacqueline diese aviso a su hijo George, de 18 años -fruto de una relación anterior con otro hombre-, y le instara a acudir a la vivienda rápidamente, aduciendo que había sido golpeada por Raymond.

BOTAS CON PUNTERA DE ACERO

Cuando entró en la modesta casa de planta baja, atravesando la no menos modesta puerta de tablas pintada de amarillo, el ánimo de George no era conciliador. Siempre según el relato del acusador público, el chico observó a su padrastro con las facultades muy mermadas por la ingestión de alcohol, se calzó unas botas con la puntera reforzada por chapas de metal, regalo de un amigo, «y con el ánimo de causarle la muerte», comenzó a asestarle patadas en la cabeza, en las costillas y en el bajo vientre, hasta que éste se desplomó semiinconsciente en el suelo.

Indefenso como un pequeño insecto atrapado en una telaraña, Raymond quizás ni siquiera pudo ya observar la decidida aproximación que iniciaba la Viuda Negra, quien aferraba en sus manos un pesado almohadón. La mujer, que hasta ese instante se había limitado a jalear a su hijo y a acompañar cada una de sus patadas con insultos propios de hooligan, colocó supuestamente el cojín sobre el rostro de su esposo y sentó encima sus posaderas. Cuando se levantó hacía un buen rato que el pecho del hombre había quedado tan quieto e inservible como el fuelle agujereado de la fragua de un herrero.

Jacqueline, la Viuda Negra, le había asesinado, supuestamente, «ante la impasible presencia del hijo, quien era perfecto conocedor de que ello le determinaría la muerte, pues el hombre era incapaz de defenderse», según el relato del fiscal.

UNA PIERNA Y UN CALCETÍN

Madre e hijo no corrieron a dar cuenta del crimen a las autoridades. Cogieron por los brazos y las piernas el cuerpo inerte y lo trasladaron a una zona del patio exterior, donde lo cubrieron con una lona y un puñado de piedras.

Fue tres semanas después, aparentemente después de que un perro se dejase ver por la casa arrastrando un trozo de pierna y un calcetín raído, cuando la mujer se decidió a acabar con cualquier rastro de su marido. Desenterró el cuerpo putrefacto y, con la relativa experiencia que le otorgaba su antigua condición de enfermera, lo fue descuartizando y carbonizando metódicamente en un oxidado bidón metálico reconvertido en barbacoa.

PROFANACIÓN DE CADÁVERES

El Ministerio Público considera ahora que Jacqueline Moore y su hijo George son responsables por igual de un delito de asesinato, por lo que reclama sendas penas de 20 años de cárcel, y además imputa a la mujer un delito de profanación de cadáveres, por el cual reclama otros cinco meses de prisión.

La vista oral, que se celebrará previsiblemente a lo largo de este año, permitirá conocer en profundidad los detalles de uno de los sucesos más truculentos de los últimos años, así como la personalidad de una mujer que presuntamente fue capaz de descuartizar con sus manos el hediondo cadáver de su esposo.

Con tal minuciosidad habría realizado ese trabajo, que los trozos más grandes hallados por los investigadores aparecieron en la malla de un cedazo: apenas un puñado de amarillentos dientes. Unos dientes con los que George sonreiría sin duda de buena gana al observar a su esposa sentada en el banquillo. Atrapada en su propia telaraña.



Vocento
LA VERDAD DIGITAL, S.L. (SOCIEDAD UNIPERSONAL). Camino Viejo de Monteagudo s/n. 30160. Murcia. CIF: B73096802.
Inscrita en el Registro Mercantil de Murcia al Tomo 1.709, Libro 0, Folio 41, Sección 8, Hoja nº MU34509, Inscripción primera.

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