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Sábado, 8 de abril de 2006
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TELEVISIÓN
EL INVENTO DEL MALIGNO
Siniestro
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Después de una acertada promoción en distintos programas, Telecinco emitió la otra medianoche el reportaje La obsesión de Encarna, un programa especial sobre la difunta periodista radiofónica Encarna Sánchez. Esta mujer hizo época en la radio española. Pero, en realidad, todo el despliegue de La obsesión de Encarna giraba en torno a un único argumento: su homosexualidad y la identidad de quienes compartieron sus afectos. De manera que uno iba viendo el relato de su vida, sus grandes éxitos y sus grandes errores, y a cada tramo el guión venía a recordarnos lo «realmente importante», que no era el relato, sino con quién se acostaba su protagonista. Es insólito: llevamos años de incesante campaña mediática para normalizar la homosexualidad, y ahora resulta que la condición lésbica de una señora se emplea como argumento de escándalo. Por otro lado, ¿no es un poco siniestra esta manera de exhumar un cadáver para airear sus vergüenzas? Aquí no se trata de criticar a tal o cual programa concreto, a tal o cual productora, a tal o cual comunicador. No, porque el mal lo encontramos idéntico en numerosos programas, en numerosas productoras, bajo el rostro de no importa qué comunicador, en cualquier cadena.

Y ese mal consiste en lo siguiente: mantener siempre la mirada pegada al suelo, al barro; mirar las cosas de tal manera que uno nunca descubre otra cosa que suciedad, manchas, cosas que habría que limpiar pero que se dejan en el sitio para exhibirlas mejor. Es prácticamente imposible encontrar un programa de televisión, en ese género de la actualidad social, que mire hacia arriba, que se proponga encontrar lo mejor de alguien, esas cosas que a los demás, por emulación, pudieran resultarnos admirables. Esto último sólo ocurre cuando alguien se muere y, además, sólo en los días siguientes al deceso, porque, después, cada conmemoración vuelve a convertirse en pretexto para la búsqueda del escándalo, como acabamos de ver con Encarna.

Hay un adagio que reza: «Nadie es rey para su ayuda de cámara». Porque el ayuda de cámara, que te limpia los calzoncillos y conoce todas tus flaquezas humanas, demasiado humanas, no te ve como a un rey, sino como al dueño de esos calzoncillos, al titular de esas flaquezas. Pues bien: la tele se ha especializado en ver la vida con la perspectiva de un ayuda de cámara infiel que corre a contar tus miserias en la plaza pública. ¿No podemos decir algo bueno de este fenómeno siniestro? Sólo una cosa: que aún no hemos visto semejantes suciedades en el horario infantil. Pero eso es porque, en ese horario, ya hay otros programas donde los propios interesados acuden a enseñar sus vergüenzas. Y cobrando.



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LA VERDAD DIGITAL, S.L. (SOCIEDAD UNIPERSONAL). Camino Viejo de Monteagudo s/n. 30160. Murcia. CIF: B73096802.
Inscrita en el Registro Mercantil de Murcia al Tomo 1.709, Libro 0, Folio 41, Sección 8, Hoja nº MU34509, Inscripción primera.

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