Diego Candel Rubio fue un excelente médico ricoteño, que ejerció su labor profesional allí hace más de medio siglo.
Cuando falleció, a modo de homenaje, fue paseado en su ataúd por todas y cada una de las calles del pueblo.
Pero su esposa, Paz Massa, no le dio descendencia, y ambos decidieron legar toda su hacienda a la Fundación Benéfica para los más necesitados de Ricote.
La fundación pretendía -era deseo del fundador-, que los niños más pobres fuesen educados y los ancianos más necesitados fuesen atendidos.
Para ello, dispuso en su testamento que el señor cura párroco, la madre superiora de la Orden, y el señor obispo de Cartagena administraran la fundación, con la misma capacidad para tomar decisiones...
Dado que gran parte de los ricoteños consideraban que no se cumplían fielmente los estatutos, solicitamos audiencia al obispo Manuel Ureña.
Se mostró predispuesto y conforme con nuestras ideas, siendo la principal construir una Residencia de Ancianos en parte del convento, y reformar el resto para las monjas.
Incluso se comentó la posibilidad de solicitar las pertinentes ayudas a la Comunidad Autónoma y al Ayuntamiento, para el mantenimiento.
La cuestión es que de lo hablado nada de nada, ni siquiera hubo un segundo encuentro con el señor obispo, nadie sabe por qué.
Ha pasado casi un año, el señor obispo es ahora arzobispo, supongo que por méritos propios. Además, han convertido la Fundación en una Obra Pía, lo cual suena a utopía, y todo sigue igual, si no un poco peor.