La alcaldesa de Cartagena, Pilar Barreiro, rogó ayer a la Patrona de la ciudad para que consiga que el terrorismo desaparezca definitivamente de España. «Tantas veces hemos venido aquí con tristeza y sufrimiento. Te hemos hablado de las víctimas de esta tierra y ahora nos encontramos con la esperanza de que la violencia llegue a su final», dijo la alcaldesa a la Caridad durante su alocución previa a la entrega de la Onza de Oro, valorada en 30.050 euros (misma cantidad que en los últimos once años) para el sostenimiento de los pobres del Hospital de Caridad.
También solicitó a la Virgen -y luego repitió ante los medios de comunicación- que «las víctimas sean bien tratadas y encuentren el consuelo de la justicia» durante el proceso de paz que el Gobierno de la Nación acaba de iniciar con la banda terrorista ETA.
Además suplicó a la imagen llegada de Nápoles en 1723 que permita seguir «haciendo de Cartagena una ciudad próspera, algo que será difícil sin el necesitado bien del agua». Para ello, Barreiro indicó que es indispensable «la ayuda necesaria del resto de regiones españolas».
En pleno terremoto político por la operación policial que ha descubierto la enorme trama corrupta del Ayuntamiento de Marbella, supuestamente dirigida por el cartagenero Juan Antonio Roca y con posibles ramificaciones en la Región, destacó el último comentario que la alcaldesa hizo en público a la Patrona: «Ayudanos a los políticos en nuestra obligación de servicio a los ciudadanos, labor en la que debemos ser honestos y leales», concluyó Barreiro.
Amor a la Patrona
Por su parte, la homilía del obispo de Cartagena, Juan Antonio Reig Pla, que ayer se estrenó en la Onza de Oro, se centró en resaltar el amor y devoción que la gente de Cartagena, «donde pasaron una cantidad enorme de civilizaciones y se insertó la rama frondosa del cristianismo», siente por la Caridad. «Este amor permanecerá siempre y ayudará a seguir construyendo a un pueblo como éste».
Como cada año, la Corporación Municipal había llegado al templo en comitiva, escoltada por policías de gala. El concejal de Juventud, Joaquín Segado, portaba el pendón de la ciudad e iba flanqueado por ediles de la oposición. La música que salía de las trompetas anunciaba el paso de los políticos por las calles.
En la iglesia esperaban los principales personajes de la ciudad, como el presidente de la Asamblea Regional, Francisco Celdrán, el rector de la Politécnica, Félix Faura o los diputados Rosa Juaneda y Andrés Ayala. La representación del Gobierno regional fue ostentada por el consejero de Educación, Juan Ramón Medina Precioso.
Algunos hermanos del Santo y Real Hospital de Caridad señalaron al final de la misa que ésta se le había hecho corta, quizás recordando la del pasado año, cuando la despedida de Manuel Ureña Pastor del homenaje municipal a la Caridad se extendió durante 109 minutos, convirtiéndose en una de las más largas de la historia. La ceremonia de entrega de la Onza de Oro de ayer duró 88 minutos.
Por ello, hubo menos atasco en los accesos al templo que en ediciones pasadas, ya que la mayoría de asistentes al acto litúrgico salieron de la iglesia antes de las doce de la mañana, con lo que dejaron paso a los que iban llegando para seguir la misa de doce. El templo estuvo repleto de fieles durante toda la mañana. Y así siguió hasta la medianoche.