Emoción, lágrimas y sensación de vivir un momento histórico. Estos tres sentimientos llenaron el corazón y las lágrimas de más de un millar de cofrades y vecinos que asistieron ayer a la ceremonia de incorporación de la Astilla del Lignum Crucis traída desde Jerusalén al Relicario de la Santísima y Vera Cruz de Caravaca.
La eucaristía estuvo presidida por el obispo de la diócesis, Juan Antonio Reig Plá, y fue concelebrada por el vicario de la zona Caravaca-Mula así como varios sacerdotes de esta zona episcopal.
Antes de la misa, el capellán del Santuario, Pedro Ballester Lorca, trasladó la Vera Cruz desde su capilla hasta el altar. Posteriormente se extrajo de la caja fuerte la cruz de madera que los peregrinos han traído desde Jerusalén durante la peregrinación realizada el pasado mes de marzo. Subieron al altar el hermano mayor y el alcalde, así como una notaria y la secretaria de la Cofradía de la Vera Cruz. El artesano y orfebre local, Antonio Ros, procedió a retirar el lacre y extraer el Lignum Crucis procedente de Jerusalén. Ros, haciendo gala de una gran pericia y de la experiencia acumulada tras toda una vida dedicada a la orfebrería, acomodó la reliquia en el interior de la teca de plata que él mismo había elaborado por encargo de la cofradía. Posteriormente, el obispo y el capellán, procedieron a incorporar la pequeña cajita al interior del relicario.
Durante la homilía, el obispo señaló que «hemos vivido momentos muy íntimos, tanto que hemos contemplado el Misterio de la Cruz, el amor inefable de Dios». Monseñor destacó que «éste es un acontecimiento extraordinario en el que enriquece el patrimonio en la Única Cruz; levantemos con orgullo santo este relicario para Caravaca, para la diócesis y para todos los peregrinos que llegan hasta el Santuario». Al finalizar la ceremonia los asistentes besaron la Sagrada Reliquia y estamparon su firma en el acta.