¿Qué sentirá a partir de hoy el niño español? Irá a la escuela y se verá en aprietos cuando sus compañeros le pregunten el nombre de su madre.
A partir de ahora, el bebé en lugar de balbucear «ma-ma-mamá» tendrá que aprender a decir «pro-pro-progenitor».
Si no sabe lo que es una madre, ¿Sabrá lo que es un padre?
¿Qué sentirá el niño, ya mayorcito, cuando sepa que ha sido resultado de un experimento de laboratorio, que lo han fabricado como a un televisor y lo han adoptado como si fuera una mascota?
La familia quedará como un esqueleto del pasado. Si ante la ley vale lo mismo un hombre y una mujer que se comprometen a vivir juntos por verdadero amor, que la unión temporal, por egoísmo pasional, -de un progenitor A y un progenitor B-, la función fundamental de la familia en la sociedad queda totalmente degradada.
Algo que fuera impensable años atrás, ahora se quiere convertir en lo más normal.
Rafael Calvo Martínez