Leída la segunda entrega de la serie de escritos sobre desarrollo sostenible por el ingeniero Guillamón, hemos de rectificar nuestra impresión inicial. No es el autor un ignorante ambiental. Conoce bien nuestra Región y sus valores naturales, y ahora gracias a nosotros dispone de información y de baremos suficientes para valorarlos. A eso dedicamos nuestra primera y rigurosamente objetiva réplica. Ahora nos damos cuenta de que el Sr. Guillamón no es ajeno a esos valores, lo que pasa es que no los aprecia, que le disgusta la riqueza ambiental de Murcia, estorba a su particular percepción del interés regional, tan afín al de ciertas empresas y corporaciones que le colman de premios y reconocimientos. Nada que hacer, le dejamos por imposible, Sr. Guillamón. A diferencia de usted, no consumiremos más papel ni esfuerzo que el de este párrafo en contestarle, y no entraremos en cuestiones personales y argumentos mezquinos pero faltos de contenido que a usted tanto le motivan, pero que desacreditan su por otra parte cultísima (ínfulas no le faltan), irónica y hasta poética respuesta, por visceral y (ésta sí) sesgada. Damos pues por zanjada la polémica. Sí nos preocupa, en cambio, que se extiendan y consoliden visiones restrictivas y peyorativas de lo que es nuestro patrimonio natural y paisajístico, de las que el Sr. Guillamón constituye un prototípico ejemplo.
Como universitarios, nuestra labor es intentar avanzar en la investigación y la difusión de ese patrimonio, como vía para su conservación y uso sostenible. Además, como ciudadanos pretendemos (¿vana ilusión?) que se aplique la ley, y se valore y proteja adecuadamente nuestra Naturaleza conforme a lo que establece la normativa ambiental vigente. Podríamos añadir a este respecto que la aplicación de la norma no sólo tiene que ser legal, sino que en cuestiones ambientales debería ser ética y responsable. Nuestro compromiso con la sociedad que nos financia nos lleva también a querer romper ideas preconcebidas, y un tópico a dinamitar es precisamente el de la escasa importancia de nuestro patrimonio natural y paisajístico. Un legado que no debe ser minusvalorado por la sociedad murciana. Un patrimonio que no puede ser simplificado en la dualidad urbanizable-protegido.
El paisaje murciano está formado no sólo por valiosas especies y hábitats (tanto que la Unión Europea nos exige protegerlos), sino también por un entramado de procesos ecológicos que, en última instancia, permiten el sostenimiento de esos ecosistemas, y con ellos de nuestra economía y nuestro desarrollo, y de nada menos que la propia vida. Procesos horizontales tales como los implicados en el ciclo hidrológico, el transporte de materiales laderas abajo o por acción del viento y el agua, la formación y dinámica del suelo, la producción de materia vegetal, la dispersión de semillas, la polinización, los movimientos y migraciones de animales, o la diversificación genética (por citar algunos), exigen urgente protección. Los espacios naturales protegidos son una respuesta necesaria, pero no la única deseable para los fines de la conservación, tal y como la propugnan todos los ecólogos y ambientalistas (y no sólo algunos). El territorio, el paisaje, la biodiversidad y los procesos ecológicos que sirven de mecanismo de soporte de especies, comunidades y ecosistemas, se extienden más allá de los espacios protegidos, sin solución de continuidad, hacia las zonas urbanas e industriales, en una suerte de tejido ambiental. El concepto de conservación evoluciona, sobre todo en la comunidad científica. La integración entre las infraestructuras de desarrollo y la conservación de ese tejido territorial constituye nuestro principal reto, sin olvidar, por supuesto, los aspectos de interés geológico, paleontológico, cultural o histórico.
Más espacios protegidos -de distinta manera, con distinta intensidad de uso y protección, por distintos agentes-, eso es lo que necesita esta región, que vende su naturaleza como reclamo turístico con la misma desfachatez con la que comercia luego con ella a la hora de recalificarla. Y más mecanismos de protección de los procesos ecológicos y de gestión integrada del uso del territorio capaces de conservar el paisaje y la biodiversidad. Con la participación de todos, por el bien de todos.
Treinta miembros del Departamento de Ecología e Hidrología de la Universidad de Murcia (por orden alfabético): Pedro Abellán, Jaime Bernardeau, José Francisco Calvo, Francisca Carreño, Laura Entrambasaguas, Óscar Esparza, Miguel Ángel Esteve, Victoria García, José Antonio García Charton, Rosa Gómez, Javier Lloret, Lázaro Marín, Javier Martínez, Julia Martínez, Andrés Mellado, Andrés Millán, Mª Carmen Mompeán, Iluminada Pagán, José Antonio Palazón, Irene Pérez, Félix Picazo, Sandrine Polti, Francisco Robledano, Mª Mar Ruiz, Fuensanta Salas, David Sánchez, María Sánchez, Mª Luisa Suárez, Josefa Velasco, Mª Rosario Vidal-Abarca.