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Domingo, 2 de abril de 2006
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OPINIÓN
ARTÍCULOS
¿Una primavera distinta?
Estos días siento sensaciones contrapuestas. Unas, dulces, se derivan del famoso alto el fuego. Acabe como acabe, lo seguro es que ha hecho a muchas personas, que ya no recordaban cuando fue la última vez que saborearon el placer de caminar solas, sentirse un poco más libres; eso fue, al menos, lo que afirmó un juez amenazado. No es magro logro, que debería alborozar también, por solidaridad, a quienes no hemos tenido que vivir con el temor de tropezarnos, al volver cualquier esquina, con un verdugo encargado de pararnos en seco. Otras, amargas, son personales: acaban de desaparecer dos personas que acompañaron buena parte de mi vida, Rocío Dúrcal, cuya primera película vi a los doce años, y Eloy de la Iglesia, cuyo desaliñado cine, que tuvo su momento más dulce en la transición, se atrevió a abordar temas hasta entonces -y después, casi también- inéditos en nuestras pantallas. Estas muertes me han hecho sentir en carne propia algo que sólo conocía por testimonios de personas mayores que yo: que una de las tragedias que afronta quien envejece es la modificación, hasta volverse irreconocible, del paisaje, tanto humano como natural, que le servía de referencia vital.

Y es que esta primavera, que ha comenzado con vocación de verano, apunta algunas características especiales. A primera vista, nada ha cambiado en este caluroso sureste: los gobiernos murciano y valenciano siguen a vueltas con su juguete favorito, la enloquecida recalificación de cualquier parcela sobre la que se puedan erigir monumentales señoríos, condados o marquesados susceptibles de ubicar al máximo de unidades posible de bárbaros del norte -calificativo acuñado, en otro contexto, por Luis Racionero, y empleado en estas páginas por un destacado creador de opinión- talluditos, en cuya sed de sol y golf parece que han depositado nuestras ambiciones de crecimiento, mientras siguen gastando buena parte de nuestros impuestos en sufragar publicidad en medios de cobertura nacional reivindicando la ya clásica agua para todos. En todo esto es justo destacar el apoyo que reciben de algunos opositores, como el alcalde de Lorca, cuya furia urbanizadora rivaliza con la del PP. No contento con ello, ejerce también de profeta de la inevitable continuidad del gobierno pepero en 2007 puesto que, a su entender, «el PSOE no tiene políticas alternativas». ¿Qué entiende este hombre por alternativa? ¿Acaso la que él propicia en su amplio municipio, absolutamente indistinguible del ladrillismo valcarciano? A propósito de Navarro: nunca ha explicado suficientemente su papel en la campaña de acoso a Collado, la que culminó con el procesamiento de éste -a pesar de ser absuelto, ninguno de sus furibundos acusadores le pidió nunca disculpas públicas- y, al poco tiempo, con su propio desembarco en Lorca y, estrepitosa derrota socialista mediante, con el de Valcárcel en San Esteban. Esperaremos a que publique sus memorias.

Pero, al mismo tiempo, algo se mueve. Por aquí, surgen iniciativas cívicas que pretenden decir algo, si es preciso hasta en Bruselas, acerca del modelo urbanístico, o que quieren conocer los expedientes que han culminado en el curioso reparto que estos gobiernos han hecho de las nuevas frecuencias televisivas. También se detectan movimientos judiciales tendentes a averiguar qué hay detrás del tufillo que se advierte en adjudicaciones de contratas millonarias de servicios como -lógico- el de la gestión de las basuras de algún municipio, o de las monstruosas plusvalías logradas, en un pis pas, por determinados ediles en la compra-venta de terrenos, o de que familiares de altos cargos o funcionarios estén ligados a empresas que, en poco tiempo, han pasado de no existir a partir el bacalao en determinados ámbitos. Y en Madrid, también es significativa la repentina mudez que aqueja a personajes como Acebes o Zaplana.

Quién sabe, a lo mejó la recién nacida es una primavera distinta a las que hemos venido soportando los ciudadanos de estas resecas tierras desde hace décadas.



Vocento
LA VERDAD DIGITAL, S.L. (SOCIEDAD UNIPERSONAL). Camino Viejo de Monteagudo s/n. 30160. Murcia. CIF: B73096802.
Inscrita en el Registro Mercantil de Murcia al Tomo 1.709, Libro 0, Folio 41, Sección 8, Hoja nº MU34509, Inscripción primera.

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