Ha pasado un año sin Juan Pablo II y el primero con Benedicto XVI. El 2 de abril de 2005, a las 21.37 horas, fallecía Karol Wojtyla y cerraba el tercer pontificado más largo de la historia, más de 26 años. Este cuarto de siglo decisivo al frente de la Iglesia católica es una herencia enorme que aún debe ser asimilada y necesita tiempo para una perspectiva, pero su sucesor ha marcado ya una distancia. A lo largo de este año se ha empezado a descubrir un nuevo Papa completamente diverso en algunos aspectos y otra forma de gobernar la Iglesia. En el Vaticano parece haberse hecho silencio, como después de una fiesta bulliciosa, se ha reducido el protagonismo del pontífice, con menos frenesí de actos, y en general, se ha impuesto una cierta sobriedad. Benedicto XVI ha conseguido imprimir un 'tempo' y un tono distintos, con un mensaje centrado en la esencia del cristianismo.