Vivía con su madre en la Puerta del Sol, que es a Torre Pacheco lo que la Gran Vía a Madrid. Está separado, tiene dos hijos y ocupaba uno de los dos pisos del edificio que hace chaflán al final de la calle San Cayetano sobre una tienda que su madre ha alquilado a unos chinos. En la acera que orilla la tienda como un boomerang acostado a la puerta se podía ver a Ernesto asoleándose, escrutando la vida del municipio.
Ernesto Celdrán fue detenido el miércoles como uno de los implicados en la trama de corrupción marbellí. Hablantín y confianzudo, la detención ha sorprendido a los vecinos. Nació en Torre Pacheco y es allí donde se ha forjado su fama de hombre expansivo, dado a los demás, nada cerracatín, que igual alternaba con el pobre que con el rico. Empezó en los negocios de la mano de los coches, trabajando en un concesionario de Cartagena. Su madre también tenía un pequeño concesionario junto a su casa donde trabajaba el hermano. Poco a poco fue dejando de lado el asunto de las cuatro ruedas para darse más al mercadeo de fincas y grandes extensiones en la zona. Este trabajo le granjeó la amistad de muchos de sus vecinos, propietarios de terrenos en el municipio, que acudían a Ernesto para que les consiguiera una buena venta de su terreno. Para ellos era algo así como su agente de confianza.
Al final, Ernesto se consagró por entero a su nueva actividad y algunos vecinos dicen que llegó a buscar terrenos para una gran promotora, aunque en los últimos años parece que su actividad como corredor de fincas había decrecido. Ya no se prodigaba por la calle. Desde el miércoles no toma el sol al final de San Cayetano.