Al fin y a la postre, estas cosas pasan. El disimulo se puede mantener nada más que un cierto tiempo. Si el disimulador es muy listo, la disimulación puede durar mucho más, pero no es lo frecuente. Lo común es que, a medio plazo, la realidad acabe asomando la oreja.
Hasta la fecha, la Administración del Estado disimulaba cuanto podía, a propósito de los posibles trasvases de agua. Se escaqueaba del espinoso tema a base de paños calientes, con el fin de contentar a los unos y a los otros. Los unos son aquellos a los que les pasa el río por la puerta de su vivienda. Los otros somos aquellos a los que nos gustaría recibir una miaja del caudal sobrante. Es decir, de lo que se manda al mar y, por lo mismo, se desperdicia.
Pero se conoce que a la ministra Narbona se le han hinchado ya las narices y ha decidido, aprovechando estos calores primerizos, destaparse completamente.
-¿Lo televisan?
-¿El qué?
-El destape.
-No creo.
O quizás sí. Bastaría con que las teles hubieran recogido las mismas palabras suyas que sí recogieron los periodistas del papel. Son las que dicen: «A ningún río le sobra absolutamente ni una gota de agua».
Bueno es saberlo, mi señora Narbona. De ahora en adelante ya no habrá equívocos acerca del Tajo, del Ebro y hasta del Ródano. Tal como usted pontifica, el agua de los ríos viene medida al centímetro cúbico por Dios Nuestro Señor, que hace rodar por los cauces nada más que lo justo para que se sirvan los ribereños y nadie más que ellos. Además del ancho mar. Porque todo lo que no se queda en tierra muere luego a luego en el dicho ancho mar.
Se ve que el tema este de las aguas, tan persistente, tan conflictivo, se le ha puesto por montera a la señora Narbona. Y para que los de por aquí abajo no le demos más el follón, ha decidido tirar por la calle de en medio. A lo primero le lloverán muchas críticas (como esta del tontaina de La Zarabanda), pero, en cuanto pasen unos días, ya nadie se acordará. Y la ministra se habrá liberado absolutamente de la coña esta de los trasvases. Dicho queda: los ríos sólo llevan lo justico. Y lo demás es anécdota.