Con la detención de Isabel García Montes, conocida por haber sido el azote de Gil hasta que al parecer fue seducida por los seguidores del fallecido expresidente del Atlético de Madrid, ya son 21 las personas detenidas en la operación Malaya que ha descabezado el Ayuntamiento de Marbella y ha desmantelado supuestamente una gran trama de corrupción urbanística. En realidad, la historia ha durado quince años, y ya es hora de preguntarse si no hubiera sido posible intervenir antes, tanto en vía judicial -como es conocido, Gil compró jueces en sus mejores tiempos- como en vía política y administrativa. Porque sólo muy recientemente la Junta de Andalucía desposeyó al consistorio marbellí de las competencias urbanísticas y en ningún momento los sucesivos gobiernos centrales consideraron la posibilidad de disolver la corporación. Lo ocurrido en Marbella es, sobre todo, un gran fracaso de los partidos políticos convencionales, incapaces de atraerse el apoyo de los electores para representarlos en el Ayuntamiento. A partir de aquí, la ciudad cayó hace tiempo en manos de facinerosos. Lo deseable ahora es que la cirugía inevitable no suponga la decadencia de la ciudad.