La Verdad Digital
Viernes, 24 de marzo de 2006
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OPINIÓN
LA TRIBUNA DE 'LA VERDAD'
Desde la ignorancia (I)
Yo tengo una casa en el mar/y tengo una casa en el viento/En cualquier lugar construye/su casa, mi pensamiento. En realidad lo mío es la poesía y reconozco -pese a ser un serio handicap- que la belleza comienza en lo verde y en lo acuoso y después, sigue. Me acusan de ignorante, pero, ¿en qué sentido? Desde luego si es en el sentido en el que apuntan los profesores titulares de cierto departamento universitario, la respuesta es no. Soy muy leído y, aunque no soy experto en nada, conozco cosas de casi todo porque tengo una necesidad casi compulsiva de leer para aprender. Por tanto, teniendo en cuenta que el conocimiento y el desconocimiento son dos círculos concéntricos, conforme aumenta el primero, el segundo se hace grande, muy grande, hasta el infinito. Así que me considero un gran ignorante, lo cual no quiere decir que mi ignorancia tenga como referencia física la punta de mi nariz, tal y como sugieren los titulares del Departamento de Ecología de la Facultad de Biológicas de Murcia. Parece que la intención descalificadora mediante la profusión, tanto en el título como en el texto, de la palabra ignorancia es muy similar a la tópica de esos movimientos radicales de izquierdas que no paran en mientes con tal de expresar sus exclusivos criterios que, con la apariencia científica, esconden una intención muy política y fundamentalista, en donde el insulto, tácito, se esconde en forma de palimpsesto. Lamento haber dado pie a un determinado modo de ver las cosas que es exactamente lo que hube intentado denunciar cuando hablé de tránsfugas. En mi modesto soliloquio incluí un par de debilidades que, dado que la realidad es incierta, han disparado una crítica global hacia mi persona de la cual puedo defenderme con naturalidad. Era mi intención expresar de manera rotunda que las precisiones que los ecologistas (y algún ecólogo) hacen acerca de cómo limitar el desarrollo en la Región son, en algunos casos, verdaderamente exageradas porque aplican verdades universales que poco tienen que ver con la realidad de las cosas. Así, dije que «Quiero decir que la utilización de los criterios generalistas en que se basa la protección al medio ambiente para determinar si el desarrollo de esta Región es sostenible o no, nos llevan sin remedio a una solución sin salida». Por eso, la alusión crítica descontextualizada, cogiendo el rábano por las hojas, a la «pobreza medioambiental de esta región» sólo tiene sentido si olvidamos que tal y desgraciada expresión tenía por objeto dar entrada a lo que supra estimé procedente para criticar el criterio generalista. No hay más que hablar, la Región tiene, desde luego, su propia riqueza ambiental. Luego -esto me pasa por cursi- para indicar que los suelos urbanizables no son precisamente los de mayor riqueza ambiental, utilicé el barbarismo badland, cuando este vocablo tiene un contenido específico y especial, bien conocido no sólo por los titulares de la Ecología si no por ignorantes (en el sentido atormentado de querer ser siempre -y por siempre- un aprendiz) como yo.

Dando por supuesto que la alusión a la pobreza ambiental tiene exclusivamente un fin comparativo en relación con otros paisajes de consolidado valor, recomiendo al lector que continúe la lectura de este trabajo y pueda depositar su confianza en lo que digo, o por el contrario asuma al conjunto cardinal de biólogos encabronados conmigo, tanto que algunos me llaman ese buen hombre, otros pretenden malévolamente identificar mis impresiones personales con mi condición de decano del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, y en fin, otros acusan al director de este periódico de dar cancha a columnistas tan malos como yo. No soy ese buen hombre que con maledicencia me dicen: tengo el lápiz bien afilado; como decano me limito a expresar lo que las comisiones de mi Colegio determinan. Y como columnista, tengo la conciencia segura de que hay quien disfruta con lo que digo.

Pero es que yo estaba hablando de tránsfugas y criticando el uso perverso del vocablo sostenibilidad que invocado por una tránsfuga frustró un proyecto de interés regional. Y el ecologismo activo se me echa encima para darme clases gratuitas de calidad ambiental (¿como si uno fuera un imbécil!) en lugar de seguir trabajando con los alumnos a fin de que el día de mañana los depredadores ambientales brillen por su ausencia. Y, puesto que viene al caso, recordaré a uno de los titulares del Departamento lo que ya le hube recriminado en su día por lo que de embuste supuso su intervención en una Mesa Redonda celebrada precisamente en la Facultad de Biológicas. Me refiero a Miguel Ángel Esteve, titular, quien dijo en un foro compuesto por estudiantes y amantes de la Naturaleza que en el estudio de la universidad de Yale -y de Columbia, le puntualicé yo- España ocupaba uno de los últimos lugares en materia de desempeño ambiental. No siendo esto cierto, ya que nuestro país ocupa el puesto 23 de 131 países, le participé mi opinión respecto a que no me parecía adecuado hablar con la ligereza que lo hacía frente a un foro ávido de conocimientos verdaderos y no falsos. Mi impresión es que el titular no se inmutó. Y es un profesor ¿Las ideas preconcebidas, a veces, conducen a la confusión!



Vocento
LA VERDAD DIGITAL, S.L. (SOCIEDAD UNIPERSONAL). Camino Viejo de Monteagudo s/n. 30160. Murcia. CIF: B73096802.
Inscrita en el Registro Mercantil de Murcia al Tomo 1.709, Libro 0, Folio 41, Sección 8, Hoja nº MU34509, Inscripción primera.

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