Las tierras áridas siempre han sido fecundas en profetas. Podría pensarse que ha existido una cierta relación entre la sequía y el pronóstico del futuro. Las regiones arboladas propician menos adivinos. En la Biblia, que yo recuerde, no aparece nadie que se haya perdido en un bosque, pero la verdad es que en todas partes se han dado contemporáneos que estaban seguros de lo que iba a suceder en otras épocas. Los profetas pesimistas, es justo reconocerlo, se apuntan un mayor número de aciertos que los que tienden al optimismo más o menos moderado. Otros deben su fama a la pésima memoria de quienes creyeron en sus vaticinios. La astrología ha tenido tantos partidarios como los crecepelos.