El PSRM-PSOE quiere catapultar cuando antes a Pedro Saura como candidato a la presidencia de la Comunidad Autónoma. Para ello, estudia adelantar las primarias del partido al mes de junio, en lugar de hacerlo en septiembre, según han informado fuentes de la Ejecutiva socialista. Murcia no sería el único feudo en mover ficha. También es posible que lo hagan las federaciones de Madrid y de la Comunidad Valenciana. ¿El motivo? En el caso de Murcia hay varias lecturas. Por un lado está la oficial, que apunta a que la candidatura de Pedro Saura está clara y despejada. Es decir, que no se esperan otros candidatos, por lo que el profesor de Torre Pacheco consumará su ascenso meteórico y llegará a su techo, como aspirante en este caso, en tiempo récord.
En dos años y medio ha sido cabeza de lista al Congreso, secretario general del PSRM y ahora candidato a la Presidencia de la Comunidad. Todo apunta pues a que Saura será proclamado por el Comité Regional y no hará falta votar en las agrupaciones. Las candidaturas están igual de claras en Madrid, con Rafael Simancas; y en Valencia, con Joan Ignasi Pla.
Otra explicación del aparato es que «da lo mismo hacerlo antes o después. Pero preferiblemente ahora porque «existe unanimidad»; y en segundo lugar porque a partir de septiembre empezará la precampaña con el lanzamiento de las propuestas socialista a todos los sectores sociales.
A la dirección socialista no le está haciendo ninguna gracia -y ésta es otra lectura- que el presidente Ramón Luis Valcárcel esté tomando cierta delantera con los bolos que viene celebrando en los últimos días en varias agrupaciones locales del Partido Popular. De momento van Yecla y Abarán, donde Valcárcel ha anunciado, de aquella manera (o sea, siempre que mi partido me lo pida, etcétera, etcétera...), que se presentará a la reelección para un cuarto mandato y que le queda gasolina para no sé cuántos París-Dakar.
También le interesa al PSRM marcar pronto el territorio y cerrar las fisuras que han surgido últimamente en lo que parecía un partido sin contestación interna y lanzado contra el PP. Pedro Saura le ha dado a su partido fortaleza como oposición, pero nadie de su equipo se esperaba un desafío tan claro -aunque fuera involuntario- del alcalde de Lorca, Miguel Navarro. Éste ha aprovechando sus comparecencias ante los medios de comunicación para defender su modelo urbanístico, pero la presión política y social era tal que no ha podido evitar un choque de trenes con su partido cuando se ha enfrentado a un cuestionario áspero y sin concesiones.
A la misma presión se ha visto sometida la Ejecutiva de Saura, a través de José Ramón Jara, cuando ha tenido que salir a la palestra descalificando el modelo de Navarro. Ni el alcalde ni el número dos del partido han amagado en sus cruces de declaraciones a través de los medios. Es más, Navarro ha apenas ha rectificado y ha mantenido las declaraciones que hizo a La Verdad sobre la posible victoria del PP en las próximas elecciones autonómicas. El viernes, en otra rueda de prensa, explicó que le gustaría que su partido ganara, pero que como dijo el obispo Sanahuja, «miro al cielo y creo que el tiempo no está para llover».
O sea, que en el PP están de fiesta patronal; mientras que en las filas socialistas ya no se creen eso de que «son cosas de Miguel». Pocas veces un militante de base tan significado de un partido político ha ido tan lejos al pronosticar la derrota de sus propias filas; y que además añada que no visualiza todavía una alternativa. No parece que eso levante la moral de sus compañeros. Este argumento anula las diferencias entre el PP y una cultura del PSOE que viene del pasado y que no es la de Saura. (Síntoma: ningún alcalde ha secundado públicamente a Navarro). Es decir, para Navarro el ladrillo del PP y del PSOE es el mismo. Los sondeos en la epidermis socialista revelan que son más grandes las diferencias, ya que no se trata de un problema de número de viviendas, sino de convenios y de modelo. La dirección del PSOE está convencida además de que el modelo urbanístico que combate genera inseguridad ciudadana. Ejemplo Torrevieja. Ya lo insinuó en su comunicado del jueves.
Los mismos sondeos proyectan igualmente un cabreo sin límites en cada parte. Quienes conocen a Miguel Navarro culpan a la Ejecutiva de Saura por no haber sabido manejar la situación: habían acorralado y desautorizado al alcalde de Lorca; y le habían apremiado 24 horas antes del Pleno hasta que se sintió arrollado por el tren anti ladrillo lanzado por su partido. La Ejecutiva socialista cree que queda más de un año por delante y que las palabras de Navarro pasarán a las hemerotecas. El problema de Navarro -con sus disensiones sobre el agua y el ladrillo- es más hondo si se añade la importancia estratégica de los votos de Lorca. Dicho esto, es cierto que ninguno, y Navarro sobre todo, quiere enfrentamientos.
Al margen, desde el PP y el PSOE anuncian que queda más carnaza para alimentar la hoguera de las denuncias, algunas de las cuales rayan el macarthismo.