«Aviso de botelleo en calle Bolos». Son las 23.10 horas. El Grupo Especial de Seguridad Ciudadana de la Policía Local de Murcia está de patrulla y se dirige hacia el lugar. «Éstos son los de siempre», comenta Ramón, un agente que lleva más de trece años en el cuerpo. Suele ser un grupo de magrebíes que se sientan habitualmente en el portal de un local a beber vino y cerveza.
Llegamos al lugar, que está justo detrás de la estación de autobuses, en San Andrés. Sólo son dos. Uno de ellos es un viejo conocido de los policías, el otro no; le piden la documentación y llaman a la sala del 092 para comprobar que no pesa sobre él ninguna orden judicial.
El portal está lleno de cartones y les dicen que recojan todo y les avisan de que ahí no se pueden quedar. El magrebí se justifica diciendo que «mañana me voy a Tarragona». Paco, otro de los agentes de la patrulla, el más veterano tras 16 años de servicio, indica al inmigrante varios lugares hacia los que puede dirigirse para pasar la noche. Otro policía local realiza el cacheo correspondiente y comprueba que el hombre no lleve ningún tipo de sustancia estupefaciente así como ningún arma.
Servicio terminado. «Quedamos libres», comunica Paco a la central. A los pocos minutos se produce otra llamada a la Policía Local de un vecino de la zona de la plaza de la Universidad; un grupo «está montando jaleo» con instrumentos musicales. Los agentes comentan que estas llamadas son habituales. Gran parte de los avisos que reciben son quejas vecinales por «alteración del orden público».
Cuando el furgón se dirige hacia la plaza los agentes ven como una moto en Ronda de Garay circula por la acera y se salta un semáforo. Enrique, el agente que conduce el vehículo y que lleva15 años en el Cuerpo, le sigue y pone en marcha la sirena para que se detenga el joven, quien finalmente para en el siguiente semáforo, frente a la plaza de toros La Condomina.
«Si ha parado es porque no será muy mal chico», advierte Pepe, otro de los agentes que patrulla en la unidad con 13 años de experiencia, quien añade que «otros aceleran hasta que se pierden». El joven lleva seguro pero su «conducción negligente» le ha costado 96 euros de multa. Seguimos dirección al campus de La Merced para atender el avi so pendiente. En cuanto el vehículo policial entra en la plaza, el grupo que supuestamente estaba molestando con sus instrumentos los guarda. En este caso ya no hay nada que hacer; el Grupo Especial de Seguridad Ciudadana sigue de ruta.
Nos dirigimos hacia el barrio de La Fama y el Polígono de la Paz, zonas conflictivas por ser los principales puntos de venta de droga de la ciudad. La labor de prevención y disuasión de acciones delictivas de la Policía Local también es importante. Por el camino, los agentes recuerdan su intervención en una reyerta frente a un restaurante chino que pilla de paso. «Fue una pelea entre 5 ó 6 rusos y un español; si no llegamos a intervenir alguno hubiera acabado muy mal. Todos fueron detenidos», apunta Ramón.
En el Polígono de la Paz, el furgón se detiene frente a un conocido edificio de suministro de sustancias estupefacientes. En la puerta ya han dado la voz de aviso. Los policías saludan a el Chusmilla, habitual del lugar. «No es mala persona pero la droga lo tiene perdido», comentan.
«Nunca se sabe los servicios que pueden surgir; igual una noche no tenemos muchos y otras no paras», destacan. Paco, Enrique, Ramón y Pepe, que forman parte de la élite de la Policía Local, dan por terminada jornada. La noche ha sido tranquila. Hubo suerte.