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Domingo, 19 de marzo de 2006
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OPINIÓN
VIVIR PARA CONTAR
Arqueros
Por las elegantes maneras del ponente, su hablar pausado y cadencioso y el contenido de las charlas, estas bien podrían haberse celebrado tiempo atrás durante un tranquilo paseo por los jardines de la Academia ateniense, arropado por una nutrida audiencia de embelesados discípulos. Pero obviando anacronismos se celebraron la semana pasada en el aula de Cajamurcia de nuestra ciudad y en el Hospital Virgen de la Arrixaca a cargo de Diego Gracia maestro indiscutible de las humanidades españolas.

En la primera reflexionó sobre las Locuras y cordura de Don Quijote, libro del que destacó que trasciende a la mera estructura novelesca para encarnar un verdadero tratado de comportamiento moral. Comenzó por interrogarse acerca de que ¿en el fondo a quién habría que considerar como realmente loco? ¿A Don Quijote?, ¿a Alonso Quijano? o ¿al propio Cervantes? Catalogado con distintos diagnósticos conforme a la evolución histórica de la propia psiquiatría. Monomaniático, paranoico y ahora como afectado por un trastorno delirante. Sin embargo puso en duda la existencia de una enfermedad mental del héroe literario al afirmar que cometer alguna que otra locura es inherente a la condición humana, pero que en este caso ennoblecen al personaje. Tanto más cuando a una edad provecta, propia de pantuflas y calor a la lumbre del hogar, con la añoranza de los años dorados, renuncia a la molicie y emprende la titánica tarea de abolir la edad de hierro en la que según él está sumida su época, plena de injusticias y agravios, para instaurar un mundo mejor, donde imperen la concordia, la justicia y el amor. Meta moral señuelo común que guía a los seres humanos como vía irrenunciable de realización personal. Actitud que remite a Aristóteles cuando en su Ética a Nicómaco refiere la metáfora del arquero, adoptada por Gracia para titular su libro Como arqueros al blanco. ¿Acaso no busca el hombre siempre lo óptimo como la flecha busca inevitablemente al blanco?

En el coloquio posterior se fajó con clarividencia con algunos de los asuntos más acuciantes del panorama de la bioética actual como el paternalismo, el principio de autonomía, la equidad, el deber de sigilo e incluso la candente cuestión de la disyuntiva entre bancos públicos o privados para preservar células sanguíneas del cordón umbilical. Hizo gala para enjuiciarlos de su proverbial prudencia, apoyándose en argumentos que fluctuaban desde Platón y Aristóteles, hasta Adam Smith, Erasmo, Kant, Ortega o Zubiri expuestos con apabullante sencillez.

En el segundo foro deliberó sobre la preocupación que comparten los médicos sin distinción de países o culturas ante las amenazas externas que se perciben sobre la tradicional relación entre médico y enfermo y que obligan a plantear un nuevo contrato de estos con la sociedad. Un compromiso que se ha basado en los últimos veinticinco siglos en las enseñanzas hipocráticas. Sin embargo el auge sin parangón de la medicina en las últimas décadas obliga a un nuevo enfoque, al irrumpir en una escena limitada hasta ahora a dos personajes de nuevos elementos. Entre otros la necesaria economía, el cambio radical de una profesión liberal (casi sacerdotal) a la condición de asalariados y las presiones de una sociedad mucho más informada, exigente y consciente de sus derechos. Retos que se deben afrontar desde unas premisas irrenunciables para no desvirtuar los principios inmutables de la relación clínica como son actuar siempre en beneficio del enfermo, respetar su principio de autonomía y procurar la equidad y la justicia de los recursos disponibles, por fuerza limitados, ante el imparable crecimiento de la demanda. Ideales elevados, como los que empujaron a Alonso Quijano lanza en ristre a deshacer entuertos por los caminos manchegos y que para llevar a buen término se deben cimentar en un nuevo contrato moral que contemple la profesionalidad y el respeto mutuo para generar la necesaria confianza mutua, único camino posible para superar esta nueva edad de hierro.



Vocento
LA VERDAD DIGITAL, S.L. (SOCIEDAD UNIPERSONAL). Camino Viejo de Monteagudo s/n. 30160. Murcia. CIF: B73096802.
Inscrita en el Registro Mercantil de Murcia al Tomo 1.709, Libro 0, Folio 41, Sección 8, Hoja nº MU34509, Inscripción primera.

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