Miguel Navarro, que gobierna con mayorías en Lorca desde 1993, decidió ayer romper su silencio desde que su política urbanística entró a finales de febrero en colisión con la estrategia de la dirección regional de su partido, que consideró inviables los doce convenios urbanísticos para construir 35.000 viviendas (más otras 30.000 pendientes). En la entrevista concedida ayer a La Verdad, Navarro pide que se «acabe esta guerra», y considera «un disparate» que se frustrara el proyecto de Polaris en Alhama.