Hay enfermedades mucho más rápidas que quienes se han especializado en su curación, del mismo modo que existen fármacos menos efectivos que algunos virus. Hay que aceptar que las cosas sean así, pero no que lo sean siempre. Todos los ministros de Sanidad del último medio siglo han prometido que reducirían el tiempo de las listas de espera con la misma buena intención que todos los ministros de la Vivienda prometían que iban a acabar con el chabolismo. La situación actual es que uno de cada cuatro pacientes tiene que aguardar más de un trimestre para tener una idea aproximada acerca de si va a seguir perteneciendo al mundo de los vivos o se verá impulsado a habitar el populoso reino de los cielos.