Un nuevo caso de acoso escolar, fenómeno conocido hoy día con el nombre de bullying, ha sacudido un centro educativo de la Región. Pedro -nombre ficticio-, un alumno de catorce años del instituto Alfonso X El Sabio de Murcia, apenas duerme desde hace días, por culpa de un grupo de compañeros, que, según sus palabras, parecen decididos a hacerle la vida imposible, no sólo a él, sino también a su familia.
Todo se remonta a comienzos de curso, ya que desde ese momento un grupo de compañeros de clase se han dedicado a molestar al resto de alumnos; «son muy conflictivos y ponen al resto de gente muy nerviosa porque no nos dejan dar clase», relata Pedro.
Pero lo que podía considerarse como una situación hasta normal y que lamentablemente se repite en multitud de centros educativos, un día se convirtió en algo mucho más preocupante : «Uno de los chicos de ese grupo se dedicó a dar patadas y puñetazos a una de las puertas de la clase y cuando subió el jefe de estudios nos preguntó a todos quién había sido, llegando a nombrar a ese chaval, como nadie decía nada, levanté la mano y lo nombré, después ya me apoyó toda la clase», cuenta el chico.
Ese acto de valentía le salió muy caro; cuando su compañero se enteró del chivatazo, sin mediar palabra, se lanzó a darle un puñetazo en presencia de una profesora y del resto de alumnos. Pedro pudo esquivar el golpe, pero entonces comenzaron las amenazas: «Fuera te voy a matar, te voy a clavar una navaja».
Los padres de Pedro, preocupados porque su hijo no volvía a casa a la hora de siempre, fueron a ver qué pasaba. Cuando llegaron al instituto se enteraron de lo que había ocurrido y encontraron allí a su hijo, que no quería salir por si le estaban esperando. No dudaron en presentar una denuncia, a pesar de intentar hablar con la familia del otro chaval, pero tal y como relata la madre de Pedro, todo fue inútil: «Me pidieron por favor que no denunciara, que iban a hablar con su hijo, y de repente, el crío le quitó el teléfono a su madre y empezó a insultarme y amenazarme».
Después de esa denuncia llegaría otra, ya que días después otro de los compañeros de ese grupo, acompañado por varios amigos, persiguió a Pedro fuera del instituto e intentó robarle. Ese día sí llegaron a pegarle, pero el joven consiguió zafarse de ellos gracias a la colaboración de un vecino que avisó a la Policía.
«Parece que es mi culpa»
Desde entonces Pedro, que sigue conviviendo día a día en clase con sus acosadores, apenas duerme. Su rendimiento escolar se ha resentido, el último trimestre suspendió siete asignaturas, cuando el año pasado superó el curso. Está muy nervioso y hasta asustado, aunque ni él mismo quiera reconocerlo. «Por las noches no puedo dormir oigo ruidos por todos sitios, se me viene todo encima», cuenta este joven de tan sólo 14 años, que además siente que «parece que todo es culpa mía, ellos -sus acosadores-me convencen de que es mi culpa».
El jefe de estudios del centro, José Garre, insiste en que desde el instituto «no sólo se ha intentado colaborar, sino atajar el problema». Esta misma semana ha vuelto a citar a Pedro y al resto de alumnos, «y he conseguido que le pidan disculpas; dicen que todo se ha terminado». No contento con ese gesto Garre explica que «les he dicho que cualquier amago de roce me lo digan».