Nada es lo que parece en la Fórmula 1. Un escaparate multinacional, su oropel de lujo y sofisticación, su fulgor mediático, sus miles de tentáculos comerciales con vistas al exterior de los circuitos, y su mundo subterráneo, sus secretos llevados al extremo, su caparazón proteccionista por dentro. «Nadie sabe nada y la gente habla como si hubiera inventado la penicilina», advierte Adrián Campos, ex piloto, propietario de una escudería en la GP2 (la segunda división) y antiguo mánager de Fernando Alonso. Un mundo lleno de fetiches propios, de frases acuñadas a lo largo de años, en el que el piloto asturiano ha dejado para las hemerotecas una de las mejores sentencias que se recuerdan. «Si quieres un amigo en la Fórmula 1, cómprate un perro».