Quizá estén hartas de permanecer siempre en el mismo sitio, aguantando la ejemplaridad y las cagadas de las palomas. La verdad es que les vienen muy bien a los pájaros y a los oradores. Las hay de tribunos con levitones de bronce, siempre con el índice elocuente levantado al cielo de Sinaí, y de militares que les ganaron batallas a otros militares menos afortunados. Las erigen sus partidarios, pero todos los que están representados parecen complacidos, empezando por los reyes godos de la Plaza de Oriente de Madrid.