La realidad es que sale a la calle -Gemma Cuervo, espléndida actriz- y tarda una eternidad en dar dos pasos, incluso en dar uno, porque la gente -y nada de ¿las mujeres y los niños primero!, sino todos a una- se la comen a besos, se la comen a saludos, a palmaditas en la espalda, a sonrisas, a peticiones de autógrafos para la abuela, para el padre y la madre, para el niño y la niña, la novia o el novio -heterosexual, homosexual, de izquierdas, de derechas, anarquista, boxeador...-. Y ella, actriz de toda la vida, madre de actores, mujer brava y temperamental -«con una sensibilidad tan grande que puedo ver el aire», dice- lo agradece porque es consciente de que su personaje de Vicenta, en la serie Aquí no hay quien viva, tiene muertos de risa a millones de espectadores. Anoche actuó en Murcia, en el Auditorio regional, con el espectáculo Sones de almendra amarga y con motivo del Día de la Mujer Trabajadora.
- ¿Qué tiene que decir en el Día de la Mujer Trabajadora?
- Miles de cosas, pero no tengo tiempo ahora, compréndame.
- Empiece por una y ya veremos.
- Las mujeres damos al mundo la vida, traemos al mundo a hombres y mujeres, y sólo queremos saber de vida y no de muerte, de ninguna muerte que no sea la que de manera natural pone fin a la vida. Somos fuentes de vida.
- ¿Cree que los hombres no defienden la vida?
- Los hombres no paran de matarse entre ellos, no respetan la vida que nosotras hemos dado. Y, ¿quién ha dominado a todas esas masas de hombres para que maten?
- Eso, ¿quién?
- Seguro que alguien que está muy equivocado y que ha llevado a equivocarse a millones de hombres: violentos, irresponsables, mezquinos.
- ¿Tan ninguneada se ha sentido en su vida por el hecho de ser mujer?
- Muchas veces, lo que pasa es que yo tengo mucho carácter y no me dejo ningunear. Me he tenido que defender, porque la sociedad machista en la que vivimos, te utiliza, te mangonea, intenta que no hagas más que lo que los hombres quieren. Yo me di cuenta desde que abrí los ojos de cómo estaba el tema para las mujeres y empecé a luchar desde muy jovencita.
- Suele usted decir que el deseo de los hombres es manipular a las mujeres.
- Y lo consiguen en cuanto te descuidas, nos manipulan como locos y no nos tratan de igual a igual. Perdemos tanta energía y tanto tiempo en deshacer la manipulación, nos hacen desgastar tanta vida inútilmente. Tenemos que luchar tanto contra la imposición, contra la chulería, contra la mentira, ¿qué cansancio!
-¿Qué le parecieron las declaraciones del catedrático de Teología jubilado Gonzalo Gironés, quien entre otras cosas, reflexionando sobre la violencia de género, dijo que «el varón, generalmente, no pierde los estribos por dominio, sino por debilidad: no aguanta más y reacciona descargando su fuerza, que aplasta a la provocadora».
- Es un pobre hombre, pobre hombre pero peligroso; qué falta de sensibilidad y de capacidad de comprender el dolor, de humanidad.
- ¿Qué está pasando para que alguien pueda decir algo así?
- Entre otras muchas cosas, muchas de ellas gravísimas, lo que sucede es que el hombre no se ha parado nunca a intentar comprender a la mujer. Se ha esforzado en dominarla, no en comprenderla. Nosotras somos hábiles, resistentes, prácticas, y podemos hacer desde algo muy delicado a pilotar un avión. Lo que no queremos es llevar fusiles, no queremos guerras.
- ¿Cambiará la situación?
- Confiemos en que así sea. Siempre se ha impuesto la prepotencia del hombre y no se sabe muy por qué. ¿Se creen más importantes porque ellos tienen su sexo a la vista y nosotras lo tenemos hacia adentro? ¿Por esa tontería del sexo masculino, con la que encima no saben bien qué hacer y que, además, muchas veces es un estorbo? ¿Por favor, señoras y señores, qué tontería!
- ¿Qué les dice a las mujeres que no luchan?
- ¿Qué les voy a decir a las que están machacadas, a las que han privado de recursos, a las que están aterradas, anuladas? ¿Quién soy para pedirle valentía a nadie? Y a las que no tienen muchas neuronas y se conforman tan contentas con esa situación, allá ellas.
- ¿Hasta dónde es usted tolerante?
- Soy bastante tolerante, lo que pasa es que, al ser tan impulsiva y tan enérgica, a veces doy la impresión contraria. Pero soy muy tolerante y nada rencorosa, aunque con el trabajo mal hecho, con la desidia, con la mala educación, con los bestias y con los que abusan de otros no soy nada tolerante. Me planto enseguida. Hay tanta ignorancia, tanto fresco que se aprovecha del otro, tanta gente que va a lo suyo. Digamos que más que tolerante soy...
- ...¿Comprensiva?
- Sí, porque, ya sé que no lo parece, pero tengo una gran capacidad de amor. Como tengo muchísima energía, que sólo me la quita contemplar el dolor ajeno, o de vez en cuando tener que estar vigilante para que no me pisen, la utilizo para amar y eso es estupendo.
Creación
- ¿A todos los hombres y mujeres del mundo, o reduce el número de los elegidos?
- (Risas). A todos los que puedo y me da tiempo, porque no hay nada mejor que se pueda hacer que querer a los seres vivos, incluidos los animales y las plantas.
- A la creación, vaya.
- Sí, a esa creación de la que el hombre, los hombres, se creen los dueños. En el mundo hay tres mujeres mandando y todos los demás son hombres.
- Y no creo que esté usted muy contenta con el resultado.
- Pues no, porque están dando lugar a un mundo de total confusión, de caos y de horror. Son los varones los que están destruyendo el mundo, tan prepotentes y tan bestias. No sé qué es lo que les pasa en sus cabezas para que estén tan llenas de malas ideas.
- Desde luego, su alucinante personaje en Aquí no hay quien viva, la entrañable Vicenta, no diría ninguna de estas cosas. Usted y su personaje son dos polos opuestos, ¿cómo se lleva con Vicenta?
- Muy bien, adoro a Vicenta, tan ingenua pero a la vez tan lista y tan buena persona. Ella no inventa maldades y quiere la felicidad de la gente; en eso sí nos parecemos.
- ¿Usted es feliz?
-Yo no aspiro sólo a la felicidad individual, porque ser feliz tú solo no sirve para nada.