Desconozco si Mariano Rosique brindó anoche con cava. Tampoco sé si se fue de fiesta para celebrar el apabullante triunfo de los suyos que, al fin y al cabo, y nunca mejor dicho, es el suyo. Lo que sí es seguro es que durmió mucho más tranquilo que en días anteriores. Dentro de unas fechas, los que ayer fueron elegidos vocales le designarán a él como presidente de la Cámara de Comercio y eso, quieras que no, da caché.
Más, si se tiene en cuenta que ésta es la conclusión de un proceso complicado, demasiado enquistado, con demasiadas descalificaciones, que ha puesto en un brete al empresariado en general porque todo se ha polarizado no en unos comicios de empresarios y para empresarios, sino en el apoyo del Ayuntamiento o no, derivado de la oposición o no, al proyecto de peatonalización del centro que, por cierto, está en un punto de no retorno. Han ganado los del rechazo al proyecto -a pesar del «daño al partido» que ha defendido alguien de la otra lista-, así que el asunto seguirá coleando.
Lo que nadie se podía esperar era la diferencia tan aplastante que ha habido entre las dos candidaturas. La lista alternativa apenas ha conseguido sentar a uno de sus componentes en el Pleno de la Cámara y eso debería hacer pensar.
Los vocales elegidos ayer se deberán reunir en unos días para elegir al comité ejecutivo y al presidente de la Cámara de Comercio. Dada la contundencia de los resultados, no hay misterios ni lugar para la sorpresa. Mariano Rosique tenía desde hace días el cava frío.