Con una vida dedicada a la interpretación, un currículum intachable y hasta un teatro propio, a Amparo Larrañaga le sobran motivos para no arriesgar en televisión. Pero ha decidido hacerlo en Fuera de control con el personaje de Sonia. Así, una década después de Periodistas, Amparo vuelve a acercarse a este gremio, aunque con un papel muy distinto.
-Nueve años desde Periodistas. ¿No ha demorado en exceso su regreso?
-He estado muy centrada en el teatro y, además, me apetecía hacer comedia y un personaje distinto al de la subdirectora del Crónica.
-Y no llegaba.
-Pues la verdad es que los proyectos que me ofrecían tenían mucho que ver con el papel de Periodistas y por eso no los acepté. Mi papel en Fuera de control no tiene nada que ver con ella, la otra era una ganadora total: siempre elegía. Sonia siempre pierde y casi nunca elige, es demasiado sentimental y vulnerable para permitirse ese lujo.
-¿Una especie de Bridget Jones?
-Muchos han hecho esa comparativa, pero no estoy de acuerdo. Mi papel está lleno de matices y es mucho más real. No es como Bridget, nadie es como Bridget: es demasiado tonta.
«Lavado de cara»
-La serie no es tan crítica con el mundo de la tele como se esperaba.
-Está planteada como un lavado de cara de la profesión, para enseñar lo que la gente no ve de este trabajo y erradicar la imagen de los profesionales que se clavan las uñas y venden su alma por una noticia que, además, jamás contrastan. Siempre pretendimos mostrar a unos trabajadores, con un sueldo a final de mes, que se curran 25 reportajes al día y que pasan las horas delante del ordenador con los ojos completamente inyectados.
-¿Cómo reaccionó cuando la productora ficho a Loles León como pareja suya?
-Dando brincos de alegría. Conocía a Loles por mi hermano y tenía numerosas referencias de su calidad como ser humano. Todo esto se ha visto reforzado con la experiencia de trabajar con ella.
-El medio ha cambiado en estos años que usted ha dedicado al teatro y ahora es mucho más competitivo. ¿Cómo lo lleva?
-La tele es una guerra y eso es algo que hay que asumir en la profesión.
-¿No tiembla cada vez que TVE retira un programa?
-Si llega un día en que la cadena decide retirar la serie, a mí me seguirá quedando el recuerdo imborrable de cuatro meses de trabajo sin el condicionamiento de la audiencia. Hemos trabajado sin ninguna presión y eso no tiene precio.